Hace ya muchos años, un amigo me acompañaba a menudo a navegar. Su mujer solícita, le acompañaba. La pobre cada día, aún no había salido por la bocana y ya daba de comer a los peces.
Salieron entonces las dichosas pulseras y compré un par. Nunca más se mareó.
Pasado cierto tiempo, un día se las olvidó. Otra vez cogió una cogorza como las de antaño.
¿Sicológico?: ¡seguramente!, pero lo importante es que cada vez que las llevaba no se mareaba.
En este caso fue un dinero bien gastado.
