Re: ¿ Desconectais la toma de corriente del puerto?
Aunque en ocasiones todo lo relacionado con las corrientes submarinas puede resultar bastante esquivo, la idea general no lo es tanto... (copio y pego de una intervención anterior sobre el mismo asunto)...
… la corrosión galvánica es un proceso natural que se presenta cuando dos metales con potenciales galvánicos diferentes y eléctricamente conectados entre sí comparten un medio capaz de conducir la corriente eléctrica, como puede ser al agua de mar. La corriente “subacuática” que se origina da lugar a una reacción de oxidación-reducción entre los metales implicados que trae como consecuencia la degradación progresiva del material con un menor potencial galvánico.
Los "participantes" pueden ser cualquiera de los elementos metálicos sumergidos del propio barco o de barcos más o menos próximos (más próximos, mayor riesgo). Aunque en el proceso intervienen dos metales, únicamente el que presente un menor potencial galvánico sufre los efectos de la corrosión, por esa razón se incorporan los ánodos de sacrificio de Zinc, Aluminio, etc., que son los metales que presentan potenciales galvánicos más bajos y que, por tanto, sirven como reclamo a la hora de “papar” cualquier corriente galvánica que les pase por delante, evitándoles el trago al resto de los elementos metálicos sumergidos (siempre la palma el Zinc).
Generalmente, el asunto empieza a cocerse cuando en la instalación eléctrica del barco la toma de tierra se lleva a una parte metálica sumergida. En ese momento, si nos conectamos a la corriente del pantalán, compartimos la misma línea de tierra con toda la flota, dándose las condiciones para que aparezca el efecto galvánico (continuidad eléctrica -a través del hilo de tierra- entre elementos metálicos sumergidos: la hélice, el eje, la pala del timón, etc.).
El remedio pasa por cortar esa continuidad entre barcos vecinos que nos "trae" el hilo de tierra de la toma del pantalán, así que instalar un transformador “ad hoc” en la cabecera de la instalación de nuestro barco, aislándola de la toma de corriente de la marina, sería la solución tradicional, eficaz y desafortunadamente cara. También podemos recurrir a los aisladores galvánicos, que no son más que diodos que bloquean las (generalmente) débiles corrientes galvánicas. Por último, existe la posibilidad de no conectar la toma de tierra de nuestro barco a la toma de tierra del pantalán, con el riesgo que ello comporta… (no sé si estará legalmente permitido).
Corrosión Electrolítica
La corrosión galvánica es un proceso natural no forzado que trae como consecuencia la degradación progresiva de las piezas metálicas sumergidas con un potencial galvánico menor. Normalmente, las corrientes que se originan son débiles y por tanto el proceso de oxidación/reducción es lo suficientemente lento como para darnos tiempo a cambiar los ánodos entre varada y varada, antes de que se volatilicen dejándonos a los pies de los caballos.
Sin embargo, en ocasiones, siempre por problemas en la instalación eléctrica (debidos a pérdidas de aislamiento, por ejemplo), la corriente galvánica se va de madre como consecuencia de que la diferencia de potencial que la origina es más elevada que la que cabría esperar de los potenciales galvánicos de los materiales sumergidos (habitualmente inferiores a 1V). A este tipo de corrosión (forzada por una avería) se la conoce como “corrosión electrolítica” y por su voracidad puede dejarnos sin ánodo en un abrir y cerrar de ojos, y seguir después con todo lo que encuentre a mano.
Consecuentemente, si un barco próximo con la instalación en mal estado se mantiene conectado de manera permanente (o habitual) a la toma del pantalán, puede estar dejando recaditos a todo hijo de vecino que se le ponga a tiro.
Otra vez, la solución más sencilla consiste en mantenernos desconectados de la toma del pantalán como norma, y si eso no nos sirve, instalar el transformador o los diodos (aisladores galvánicos), utilizar a mayores un ánodo de quita y pon conectado al bloque del motor… cualquier cosa menos dejar el asunto al azar.
Corrosiones Autoprovocadas
Además de los procesos galvánicos entre barcos próximos que comparten la toma de tierra del pantalán, hay que tener en cuenta que la corrosión puede aparecer en nuestro barco sin necesidad de invitados.
También en estos casos el proceso se desencadena de la manera habitual: partes metálicas sumergidas con diferente potencial galvánico entre las que existe continuidad eléctrica, continuidad no siempre debida a un cable que conecta las dos piezas (que podría ser), sino que puede venir dada por el contacto físico (metálico) entre ellas, por ejemplo, una hélice de bronce que trabaja sobre un eje de otro material con potencial galvánico distinto (al del bronce). Las condiciones están servidas: materiales metálicos con potenciales galvánicos diferentes haciendo un buen contacto eléctrico y sumergidos en un electrolito de primera como es el agua de mar.
El astillero, que es quien inicialmente decide los materiales que monta en el barco, debe prever los efectos galvánicos que se puedan presentar entre los elementos sumergidos y colocar en lugares adecuados ánodos de sacrificio del tamaño suficiente en función de la corriente galvánica prevista.
Lo que podemos hacer nosotros para mantener bajo control la corrosión galvánica “propia” es vigilar el estado de nuestros ánodos, comprobar que estén montados haciendo un buen contacto eléctrico con la parte metálica a la que se sujetan (sin pinturas, etc.) y que respeten el tamaño previsto por el fabricante. Hay que tener en cuenta que si en algún momento cambiamos la hélice, la pala del timón, etc. por otra de material diferente, el efecto galvánico puede cambiar y requerir un ánodo de mayor tamaño o incluso la colocación de un segundo ánodo.
Hay que tener presente que en caso de avería en la instalación eléctrica de nuestro barco, podría aparecer la temida corrosión electrolítica, capaz de arruinar el ánodo y nuestros “fondos” en un pis-pas.
Mantener a punto la instalación y estar atentos al estado del ánodo son los aspectos que nosotros debemos tener presentes para prevenir la corrosión electrolítica “propia”.
__________________
Un saludo
|