A PAULA, LA CAMPEONA
Llegamos a puerto y decidimos ir a tomar un aperitivo. El día es “caluroso”, entre comillas, para las fechas y no hace viento. Hemos venido a motor.
Después de unas buenas anchoas en vinagre y otras albardadas, acompañadas de una refrescante caña, volvemos al barco. La marea nos respeta y no tenemos problemas con las amarras y acercar el barco a la pared del muelle por el que hay que descender unos tres metros para llegar a la cubierta.
Preparamos la maniobra y soltamos amarras, recuperamos a nuestro compañero y salimos suavemente del muelle. Vamos a fondear en frente de una playa que está cercana al puerto, para comer y estar más frescos.
Buscamos los cinco metros y medio y damos proa al viento. Mientras soltamos cadena damos atrás suavemente para que la cadena no se amontone, estamos fondeados y después de tomar referencia, paramos motor.
Perfecto, abrimos la popa, soltamos escalerilla y al agua todos menos yo que soy friolero, Una por la escalerilla, otra de cabeza, uno medio baja medio se tira, yo me quedo de patroncillo, el agua ya esta enfriándose.
Han retirado las boyas de límite de la playa y la plataforma del tobogán. Nos encontramos a unos 250 o 300 metros de la playa, solo queda una corchera decrépita, algunas boyas de muertos y algún cabo peligrosamente suelto con un único corcho que lo mantiene a media agua.
Desde la playa se acercan tres cabezas prácticamente uniéndose al grupo. Hay varias conversaciones que me llegan, pero una de las cabezas se desmarca y se acerca a la popa. Habla con mis compañeros.
A Esponja le ha llamado la atención su respiración agitada y cansada. Parece una conversación inconexa.
¿Estás bien?
Voy al fondo.
¿Estás cansada?
Si, no…
¿Cómo te llamas?
Paula.
¿Quieres descansar un poco?
Si, no… y otra frase inconexa.
Acércate al barco y te agarras de la escalerilla, dice Caracola.
Empiezo a liberar el aro para lanzarlo por si prefieren apoyarse.
Guía Caracola en la que ha parecido confiar al agarrarse a ella, exausta por el esfuerzo y casi con síntomas de hipotermia, en los últimos metros.
Nada afortunadamente, pienso, sarcástico que es uno, manotea más que nada por cierto.
Reviso mis palabras.
Con dificultad asciende por la popa ayudada desde el agua por Caracola y Esponja, Mero prevé complicaciones. Tiendo mi mano para ayudar desde la popa, pero parece que Paula no viera, es como si tuviese problemas para ver. Como si no me viera se vuelve y solicita que Caracola le empuje desde abajo para subir los peldaños de la escalerilla que se le hace imposible físicamente, casi no reconoce o supiera como funciona.
Con los ojos no sé si cerrados o abiertos, viendo o viendo un horizonte distinto al nuestro, pregunta, mientras decido agarrarle:
¿A dónde me llevas? Seguido de otra frase inconexa.
Mientras la agarro por el brazo con una mano y con la otra me aseguro al balcón de popa, pregunto:
¿Ves Paula?
Sin respuesta, mientras la observo gatear, desconcertado yo también, hasta darse de frente con el timón y casi palparlo para verlo, aprenderlo o reconocerlo.
Caracola, que ha experimentado la hipotermia, le abraza con una toalla.
Es una campeona, ha llegado nadando malamente a “El Pirata”.
Paula, ¿Tienes hambre? Pregunta sin respuesta.
Se improvisa un bocado de pan y se complementa con queso.
¿Cuántos años tienes?
Nueve, me responde. A la pregunta dice una cosa diferente, si la dice. A mis compañeros les cuenta otra cosa.
Le empiezo a ver mirar de forma diferente cada minuto ¿Esquizofrenia? Uf que raro es esto.
Aparenta entre 12 y 15.
¿Cómo te apellidas?
Sin respuesta y aparente nerviosismo.
Voceamos a las dos otras personas que se habían acercado nadando, si conocían a la niña y respondieron negativamente.
Hay una serie de comentarios y búsqueda de información improvisada, tratando de dar “normalidad” al suceso.
Paula se asoma al tambucho viendo el interior de reojillo, como quien no viese, mientras llamo a Salvamento Marítimo y explico la situación tratando de que mis palabras, que ella oye no puedan provocarle rechazo.
Aquí el Pirata…
Paula suelta una risita.
Como alguien que experimenta algo nuevo, le mira y dice en confidencia a Esponja, que también se maravilla con ella:
¡Se mueve!
Su asombro me captura, pensando que su imagen es estática de los barcos, encantándome por su sencillez y perfección.
Pienso que ve, cuando le da gana ver, lo cual tampoco me tranquiliza.
Ya pierdo la secuencia, pero viene a ser de: ¿Qué me lo expliquen que no lo entiendo?
Llamamos por teléfono a Salvamento Marítimo para que avise a Cruz Roja y acerquen la niña a la playa, en la que no hemos observado que nadie presente ni el menor síntoma de alarma.
A los 10 minutos viene del puerto cercano una zodiak de Cruz Roja con dos tripulantes.
Hola,
Hola, tenemos aquí esta niña que se llama Paula.
Nos presentamos para dar ejemplo de normalidad y que todos nos conocemos. Paula se resiste un poco a los nuevos,
Voy al fondo, dice entre otras cosas inconexas para mi y digo: Oye, este barco es de color naranja, es más chulo que este, y además tiene motor. Paula pregunta al chico que ha subido que cómo se llamaba.
Poco a poco la embarcamos en la zodiac abarloada en la popa. La sostenía desde su costado. Dejó de ver nuestro barco abrazada por la socorrista para evitar que cayese o se tirase al agua de nuevo.
Mientras se alejaba le grite:
:Recuerda el nombre, “El Pirata”.
Según la conversación posteriormente mantenida con los socorristas, la supuesta responsable legal de ella ni se despeino. Uno sopesa desde la imbecilidad, al esclavismo.
Ya no sé qué pensar, salvo que Paula es una campeona, que llegó nadando 300 metros en agua fría, a la popa del pirata.
Puedo también pensar qué hubiera pasado si no estamos ahí y me corroe la duda de una extraña explotación humana, de una campeona.
Se mueve Palula, se mueve
Editado por wiper en 28-09-2009 a las 20:33.
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