Bueno, pues tras las confesiones de los demás salgo del armario yo también. El domingo anterior al del relato de PinyPon nos tragamos el cofrade Coanda (el profe) y yo (el alumno) la correspondiente ración de rayos, truenos, diluvio y, para que Murphy justifique su existencia, fallo de motor.
Decidimos entrar a vela en Tabarca. Hicimos una entrada gloriosa de tal guisa en el puerto, así como un abarloamiento muy creativo que suscitó el entusiasmo de quienes esperaban las tabarqueras (cientos). Es decir, hicimos el sicópata ante una multitud inmensa que, por supuesto, fué "piadosa" en sus comentarios.
Todo acabó bien, se extrajeron conclusiones muy interesantes, entre ellas llevar una capucha de nazareno para no ser reconocido ante determinadas situaciones.
Lo siento, no llevábamos Edita a bordo.


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