Brindo por el deseo y por el fuego interior que lo genera.
Brindo por aquellos que lo saben aceptar en su corazón, en su mente, y en lugares más impúdicos.
Brindo por esos lugares impúdicos, ¡maldita sea, viven a la sombra del corazón y son el motor de nuestra vida!
Brindo por un universo paralelo de deseo incontenido y bello al mismo tiempo, de rapsodias y sensaciones que no necesiten razonamiento alguno.
Brindo con la satisfacción de saber que otros brindan conmigo.


