Siendo gente responsable y seria, esencialmente navegante, sin distinción de sexo (en tal menester, se entiende, que en otros sí, y muy acentuada por cierto...) desde días atrás, repito, hállase la tripulación del Tortuga sometida a presión por la Rubia armadora regatista, preparando tácticas y estrategias incardinadas a la victoria en la regata Marmenorera, haciendo uso de los medios técnicos de la nueva era marinera.
Por supuesto, uniformados, que imprime carácter, unifica el equipo y vitaliza el ansia por el triunfo.
Como excepción que confirma la regla, tuvimos un tripulante temeroso, que aferrado a la toma eléctrica, decía quejoso que le daba miedo embarcar y tuvo que ser cogido en brazos por la tripulante con más arrojo.
Prepararon la salida Icebar y La Holandesa, cerebro de esta maniobra (La Holandesa, digo, jijijiji

).
Y ya en navegación, con los pelos como escarpias, enervados por la tensión de la competición, e hipnotizados por la voz imperativa con que resonaban en nuestros oídos las órdenes rápidas y precisas de la capitana, y ya en plena práctica de virada,
el tripulante Neptuziberri, oteando el horizonte, nos avisa de la presencia de un ofni (objeto flotante no identificado)
que nos obliga a interrumpir la maniobra, por lo que He-Man-Icebar tuvo que transmutar su indumentaria regatista por la de guerra, cual Superman pero sin cabina telefónica, adoptando la posición de defensa con empuñamiento del kalashnikov incluído (por si acaso, que en el mar nunca se sabe…)
El ofni, tras detallada y minuciosa inspección por dos tripulantes femeninas
resultó ser un nido productor de energía extraterrestre, que tras el baño
Cocoon oportuno, causó unos efectos que en cada tripulante se manifestaron de diversa manera. En unas, tras sentir una estela invisible caída como de arriba que se introducía en su ser mismo
comenzó a sentir que afloraban unos bíceps de fuerza inusitada de
quítemeustélutocazante;
otras tripulantas, extasiadas, en un estado casi levitacional, se equivocaban de manetas… para regocijo de otros...
y otros, notaban hormigueos en partes que parecían moverse de forma autónoma…
Vivido todo intensamente, como es de natural esta tripulación, lo cual nos llevó a una paz interior que nos confirmaba que, efectivamente, nuestra preparación, valentía e ímpetu, empapada de innata inteligencia y saber marinero, nos hará flamantes ganadores de la regata domin-marmenorera, donde nos comeremos a Kibos y similares

y desde esa complacencia, a la vuelta a puerto, una vez cumplido el deber, nos dedicamos a saborear y disfrutar de la brisa marina y de la dulce ensoñación que nos produce ese placer que llaman navegar…
