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Antiguo 07-10-2009, 11:21
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Capitán pirata
 
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Predeterminado Re: Permitidme una confesión.

El siguiente momento memorable debía producirse en las laderas del Aspromonte, en la provincia italiana de Reggio-Calabria, y hacia allí enfilamos la proa después de un buen desayuno. La mar abierta nos recibió con un oleaje cruzado muy incómodo y una casi total ausencia de viento. Además, hacía un calor tremendo. Pero las experiencias vividas hasta entonces habían hecho de la tripulación un grupo alegre y compacto difícil de desanimar.

De vez en cuando el barco entraba en sincronismo transversal y dábamos unos balances considerables, acompañados de sonoros gualdrapazos de la mayor y de un concierto de sonajero que brotaba de todos los cajones y los estantes del interior. Unos días atrás me había dedicado a traducir para las chicas una canción de Carlos Cano cuyo estribillo les encantaba. Tendríais que ver a las tres guiris intentando tocar palmas por sevillanas y, cada vez que el meneo se ponía infame, cantar a voz en cuello aquello de

Se bambolea!
La goleta en el río
Se bambolea
Que viene de Sanlúcar
Con la marea.

Por el Norte fue surgiendo la silueta, azulada por la lejanía, del gran volcán siciliano, el Etna. Su presencia de dios olímpico, que nos acompañaría en la distancia durante las próximas semanas, pareció ordenar el alboroto marino dejando tan sólo una mar larga del Sur que, como una sucesión de gigantescas manos, tomaba al ketch por la aleta y lo empujaba hacia su destino dando puntas de casi diez nudos. Más allá de Capo Pasero pareció que entrábamos en un lago.

En Reggio nos esperaba mi buen amigo Eliseo y su inefable camioneta. Liamos un petate con lo necesario para pasar unos tres días fuera, pagamos lo convenido a un paisano de Eliseo, que se ocuparía de vigilar nuestro barco, y montamos en la antiquísima camioneta para poner rumbo a un lugar llamado Bova.

Mi hijo, con cara de extrañeza, me preguntó qué me había dicho el vigilante después de que le diese el dinero, pues no lo había entendido. Me ha dicho “Yasas, evjaristó capitano”. ¿Nos ha tomado por griegos? No, ¡qué va! Sabe bien quienes somos, ya verás.

Bova es un diminuto pueblecito prendido de inmensas rocas, orillado de barrancos y tan firmemente anclado en lo remoto que sus habitantes aún hablan un dialecto procedente del griego bizantino del siglo X. En la última década, tan dada a los resurgimientos de las raíces históricas europeas, los municipios de la región han organizado cursos de griego moderno para sus vecinos, se han constituido cooperativas para ofrecer lo que aquí llamamos turismo rural y, gracias a un calabrés enamorado de la región, se organiza un festival de música local de raíz griega llamado Paleoriza que dura casi todo el mes de agosto y que ofrece espectáculos en los dos o tres pueblos que forman la Calabria Grecánica. Probablemente su incorporación al mundo terminará con el encanto mágico de esas noches de agosto, con el cielo cuajado de constelaciones que ninguna luz terrestre enmascara, con el perfume del romero que crece entre las peñas, con el eco de las voces y los instrumentos ancestrales. Pero nosotros, este verano, aún hemos podido disfrutarlo y atesorar el recuerdo.

Tras una primera noche de vino, música y viejos recuerdos de mar compartidos con Eliseo, salimos en su camioneta hacia Roghudi para aproximarnos lo más posible a nuestro objetivo: las cascadas de Maesano y dell’Amendolea.

La masa imponente del Etna, al otro lado del Estrecho de Messina, presidía la mañana.

http://www.panoramio.com/photo/17134564
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Atlántida (09-10-2009), desvelada (07-10-2009)