El domingo lo vimos hacer jugadas con una piragüa en Moaña.
El piragüista pegaba su pala contra el agua y luego
salía (él o un hermano suyo!!) a por la pala, haciendo ruidos.
El piragüista llegó a levantar la pala con sus brazos arriba y el delfín
surgía del agua para alcanzarla. Fue todo un espectáculo.
Luego pillamos las ventolinas para salir a navegar. No había olas, el agua
estaba muy clara, el sól al "rendez-vous", en fin una tarde perfecta
para relajarse a bordo.

