... ni la ola negra de la noche atlántica,
ni la duda eterna de vivir errando,
consiguen que el audaz humille su frente,
pero la tristeza alada, la sonrisa ausente,
provocan el agraz tumulto según van llegando,
ahí enmudece...entonces no habla...
Posiblemente, el permitirle posarse en la cubierta para descansar o las migas de pan que pudo comer o el poder pasar unas horas dentro de la cabina del barco, aun siendo muy apreciados por el pequeño y luchador pajarillo,no sean lo que mas le reconfortó. Cuando en su intento, casi imposible, de llegar hasta el velero, observó la tibia sonrisa que la Princesa Platino esbozaba según alargaba su generosa mano para levantar la palanca del acelerador del motor del Tortuga, sintió que su fatigado y diminuto corazón le decía... "tranquilo...estamos entre amigos..."


