Pues si, Tingis, tienes razón, ya está bien de lamentarnos en la barra del bar y quedarnos solo en enjugarnos las lágrimas recíprocamente, habrá que hacer algo.
Quizás Anavre pueda liderar un movimiento que haga del disfrute de la mar algo menos burocrático y sobre todo, menos hiriente para nuestras economías.

