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Antiguo 21-10-2009, 15:26
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jotake jotake esta desconectado
Pirata
 
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Predeterminado Re: ¿Qué aparejo comprar para pesca trasatlantica?

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Originalmente publicado por la magallana Ver mensaje
Hola a todos, en Noviembre marcho en un velerito desde Tenerife hasta Saint Marteen, y el capitan tiene ganas de pescar durante la travesia. Mi experiencia se reduce muy muy mucho a pesca de roca y costera. Pero ni idea sobre pesca "currican" o pesca de grandes peces: atunes, pez espada..no sé---lo cierto es que ni idea sobre pesca.
El capitán y su esposa (ambos holandeses de secano) esperan que "yo" le aconseje en Tenerife sobre qué aparejo comprar y le enseñe a pescar.....
Alguién puede darme un curso acelerado porfavor?
Gracias!!!
Te adjunto parrafos del libro "Aventura a toda vela", para que veas pesca y técnicas y te animes, que vas a pescar todo lo que quieras,como dice MAFALDO, que no es un curso pero te ayudará. Saca fotos y después las cuelgas aquí para envidia de los cofrades.

Pescábamos mucho; todos los días disponíamos de pescado fresco. Asiduos invitados eran los dorados y atunes. Los primeros nos acompañaban en formación cuando navegábamos, orlando la estela con sus destellos verde-amarillo-fosforescentes. De cuando en cuando también algún tiburón se acercaba a curiosear.

Los días se sucedían al mismo ritmo, muy parecidos pero nunca iguales.
Con los peces vela librábamos duras batallas para subirlos a bordo. También los dorados luchaban duro por sus vidas pero de diferente manera. De un soberbio amarillo-verdoso cuando estaban vivos, iban pasando a azul moteado, adquiriendo un gris plateado cuando rendían sus almas. Sabíamos que habíamos enganchado un tiburón porque no luchan; cuando mordía uno parecía que habíamos enganchado un tronco de árbol. Y si queríamos consumirlo, teníamos que tenerlo 24 horas a remojo en agua salada para que soltara el amoníaco de la carne.
El pescado que no podíamos consumir fresco, lo salábamos y lo guardábamos para los días en los que no pescábamos. Si era pescado de carne tiesa como el atún, pez espada, pez vela o marlin, lo poníamos en conserva, envasado en frascos de cristal.



Amanece. Ya está claro. Ningún atún se ha dejado engañar por nuestros señuelos. La verdad es que al amanecer el viento ha amainado bastante y sólo hacíamos cuatro nudos de velocidad, cuando nos hacen falta de seis a siete para tener probabilidades de pescar.

Todavía quedan cuatrocientas millas hasta Sri Lanka y otras tantas para las Maldivas.


Los delfines del Índico se mostraban muy amistosos, más amistosos que los de otros mares. A veces estaban media hora y más haciendo quites, quiebros y requiebros en la proa del velero. Incluso, mientras el perro se desgañitaba ladrando a los intrusos visitantes, una madre con su cría muy chiquita, se acercó a curiosear, caso insólito en la experiencia de abordo pues las hembras amamantando nunca se acercaban demasiado.
La rutina de la vida abordo también se rompía con la alarma de alguno de los chivatos de pesca cuyos señuelos nadaban miles de millas arrastrados por la popa del catamarán.
Mayi saltaba a la rueda del timón y aproaba el velero para quitarle el andar mientras los demás, saltando de su mundo a la realidad, corrían hacia popa. El primero en llegar se encargaba de la línea de pesca, enganchaba definitivamente el pescado con un par de pequeños tirones, mientras los demás corrían a recoger las demás líneas para que no se enredaran con la del pescado y agarraban el bichero (palo largo con un gancho puntiagudo en su extremo, para asestar el golpe definitivo a la presa y, enganchado, izarlo abordo.
Alguna vez picaban dos a la vez, sobre todo al pasar sobre un bando de pequeños atunes que acompañan a los delfines, y se armaba un follón: se enredaban las líneas, o éstas se liaban en las palas del timón lo que dificultaba el sacarlas.
Al final, sangre, sudor y escamas manchaban la popa del catamarán pero comeríamos pescado fresco. Zigor y yo nos inclinábamos por el saximi (pescado crudo al estilo japonés), mientras Urko y Mayi se inclinaban por el frito con ajo. El atún de aleta amarilla se prestaba mejor para comerlo crudo mientras que el pez vela o el espada se saboreaban mejor a la plancha.
También poníamos los lomos del atún a macerarse en salsa de soja durante la noche, al día siguiente lo salábamos un poco y lo secábamos al sol. Seco, parecía enteramente jamón.
El primer pez vela de la travesía del Ïndico pesó cincuenta y cinco kilos y fue almacenado en diez botes de conserva esterilizados y un cubo de veinte litros de sabrosa carne salada.


La entrada al Golfo de Adén fue como para no olvidarla.
Por un lado tuvimos que dar un respeto de cincuenta millas a la isla Socotra ya que su merecida fama de “Nido de Piratas”, con letras mayúsculas, la hacía temible; por otro lado días antes, a través de la radio, nos enteramos de un ataque contra un velero en el que la embarcación fue saqueada y la tripulación herida, en el Golfo de Adén.
También las pescas a la altura del Cabo Guardafuí se revelaron sorprendentes, sobre todo en atún, -egaluzia-, de aleta amarilla de unos diez kilos. Embotamos en cuantos recipientes encontramos abordo; salamos los que llegaron a continuación y después hubo que retirar las líneas de currique ante la imposibilidad de poder poner en conserva tanta pesca.



Las últimas cien millas las hicimos esquivando redes y embarcaciones sin luz alguna ni señal que los delatase. Y salvo una red que se enganchó en la quilla y tuvimos que cortar buceando, salimos sin mayor problema de la zona, llegando a la una de la madrugada al puerto de Adén entre bows árabes, a vela algunos, a motor los más.

Editado por jotake en 21-10-2009 a las 15:29.
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4 Cofrades agradecieron a jotake este mensaje:
bikingo (21-10-2009), de2s (22-10-2009), SAM (21-10-2009), trabañarru (21-10-2009)