Discusión: Rincón literario
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Hermano de la costa
 
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Predeterminado Re: Rincón literario

Otra de aventuras:

Luciendo una reluciente armadura, Metiub fue el primero en presentarse de un salto sobre la cubierta de la galeota, seguido de una docena de turcos cubiertos totalmente de hierro y provistos de enormes pistolas y cimitarras.

– ¡Me alegra verte de nuevo, señora!- manifestó con acento burlón el turco, avanzando hacia la duquesa. – ¡Eres una mujer maravillosa y me agradas más de esta manera que como te presentaste en el castillo! Eres la hija del bajá de Medina, no el hijo. ¡Lo lamento por Haradja!

Al escuchar estas sarcásticas palabras, la duquesa se incorporó y cogió la espada que dejó caer.

¡Calla! –gritó. – ¡Te herí una vez ante la sobrina del bajá y ahora voy a matarte! ¡Enfréntate a esta mujer cristiana, tú que te jactas de ser el mejor espadachín del ejército mahometano! ¡Lucha conmigo si eres capaz!

El turco dio un paso atrás y cogió de las manos de uno de sus marineros una pistola.

– ¿Tienes miedo y pretendes asesinarme a balazos? –gritó la duquesa, con extraordinaria vehemencia. – ¡Yo me enfrento a ti con mi espada! ¡Da pruebas de tu caballerosidad, turco! ¡Yo soy una mujer y tú un hombre!

Un sordo cuchicheo surgió entre los marineros que se hallaban alrededor del capitán, y el murmullo no era, en verdad, aprobando el comportamiento del lugarteniente de Haradja.

La hermosura y el valor de la duquesa habían producido admiración entre los fieros seguidores del Profeta.

Un oficial asió por la muñeca a Metiub, impidiéndole disparar y dijo:

– ¡Esta cristiana es de Haradja y no te está permitido matarla!

El capitán no ofreció resistencia y se dejó desarmar.

– ¡En Hussif liquidaremos nuestras cuentas, señora! –exclamó. – ¡Ésta no es ocasión propicia para iniciar un duelo de esgrima!

–Y, en especial, contra quien ha derrotado al León de Damasco y a ti –adujo la duquesa.

– ¡Una mujer! –exclamaron sorprendidos algunos turcos.

– ¡Sí, yo, una mujer, he vencido a ambos! –dijo Leonor.

Y, arrojando la espada con gesto despectivo, agregó:

– ¡Haced conmigo lo que os plazca!

El turco se quedó titubeando entre la admiración que le producía la mujer y el ridículo en que se hallaba ante sus hombres, hasta que, por último, anunció:

–Sois mi prisionera y mi obligación es llevaros al castillo de Hussif.

– ¡Entonces átame! –contestó con acento irónico la duquesa.

–No se me ha dado tal orden. Mi galera dispone de camarotes.

–Con mis amigos ¿qué pensáis hacer?

–Haradja lo decidirá.

– ¡Y yo! –exclamó en aquel instante un hombre que lucía las ropas de capitán de jenízaros, haciéndose paso por entre los marineros.


EL TRATO DEL POLACO

Al escuchar aquella voz, Perpignano, que luchaba contra siete u ocho turcos, enérgicamente vapuleados por el tío Stake, que suministraba puñetazos con sorprendente celeridad y abundancia, muy poco satisfactorias para los enemigos de la cruz, se abrió paso entre ellos, precipitándose contra el recién llegado.

– ¡Renegado! –barbotó. – ¡Toma esto!

Su mano abierta se abatió sobre el semblante del capitán, produciendo un chasquido semejante al de un latigazo.

Una especie de rugido surgió de los labios del polaco.

La defensa de Chipre.- Emilio Salgari.
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