Re: Cofrades Pesca-Sub
Cita:
Originalmente publicado por Yofloto
A la Paz de Dios, herman@s:
Inicio este tema para ver cuantos somos y poder hablar de otras cosas además de triángulos de posición astronómica, de que si me gusta más ese barco que ese otro, etc.
Yo soy pescador y buceador (tanto monta) y lo soy desde hace mucho tiempo.
El próximo era a Guinea Konakry... pero por seguridad hemos cambiado por Senegal.
...Y soy un manitas
¡Animaos y, si estáis ahí, manifestaos!!

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Adjunto un párrafo del libro "Aventura a toda vela" para ver si resucitamos este hilo tan interesante
Santa Lucía era una isla encantadora, con muchas bahías bonitas. Daban ganas de quedarse indefinidamente.
Recibimos el nuevo año, 1986, en una maravillosa playa de arena blanquísima, solos, entre cocoteros, baños de mar en agua transparente y pesca submarina. Los niños se iban aficionando a la pesca, mientras yo les introducía en las técnicas de la caza submarina. Después asábamos el pescado en la playa, aunque cuando había mucho viento lo hacíamos en la barbacoa de la popa del barco. La había construido con el embalaje de acero inoxidable de un satélite puesto en órbita desde Kourou.
Atravesamos el canal de separación entre Santa Lucía y Martinica con buen viento :
Pero hay días en los que no todo sale tan perfectamente y...
Con Urko y la perra y nos fuimos de pesca submarina con el bote.
Estaba infestado de tiburones, por lo que el pescado arponeado tenía que sacarse inmediatamente al bote trabajo que correspondía a Urko. Un tiburón mako estuvo dando la lata, dando vueltas a nuestro alrededor pero al final se fue sin atacar.
No había mala mar, sólo de cuando en cuando pasaba alguna ola de fondo, de las muy largas. Sentí una ola más larga que las demás aunque no me pareció mala. Pensé en Urko que estaba en el bote y saqué la cabeza. En un primer momento no conseguí ver el bote.
Cuando lo localicé Urko se hallaba a unos veinte metros, nadando; de Beltza sólo se divisan las grandes orejas que asoman sobre el agua y del bote no había ni rastro. Detrás de ellos había un reguero de espuma blanca que llegaba hasta la orilla. La ola había reventado justo sobre el chinchorro. El bote se había hundido y junto con él, el pescado capturado, el equipo de pesca de Urko, el motor fueraborda, los remos, todo estaba bajo el agua. Y para complicarlo todo, había tres nudos de corriente que nos arrastraba de través hacia los arrecifes.
En un primer momento, mientras Urko agarraba la perrita, recuperé el fusil, la máscara, los guantes, y una de las aletas de mi hijo; la otra aleta había desaparecido.
Durante unos interminables minutos nos tiburones nos rondaron, comiéndose el pescado capturado que había quedado desparramado por los alrededores, pero al poco la corriente alejó el pescado y con él se fueron los tiburones.
Urko debía entonces aprovechar e ir a tierra, a unos cien metros, con la perra, y por tierra ir hasta el velero, esperando que los tiburones no fueran atraídos por las patitas de la perra o por el ritmo desigual de tener que nadar con una sola aleta.
Los niños llegaron al lugar del naufragio pero no me localizaron porque con la fuerte corriente habíamos derivado más de una milla.
Les costó encontrarme; venían nadando sobre la plancha de windsurf, con las defensas de atraque del velero para utilizarlas como flotadores para reflotar el bote. Debían de traer también una larga cuerda.
Mientras tanto traté de aligerar la popa del bote buceando, amarrando al espejo de popa una pequeña defensa que había a proa porque el bote, arrastrado por la fuerte corriente, golpeaba duramente contra los arrecifes, principalmente en popa, por el peso del motor.
Coloqué los flotadores atados a los costados del bote con lo que quedó muy aligerado, entre dos aguas mientras la fuerte corriente lo seguía arrastrando; atamos la larga cuerda y tratamos de remolcarlo al arrecife junto al cual íbamos a pasar. No nos fue posible. Avistamos otro arrecife a lo lejos y comenzamos a tirar hacia él. Esta vez tuvimos suerte. Afirmamos el cabo en una roca. El bote describió un enorme semicírculo, y tocó fondo en el arrecife. Comenzamos a achicar hasta reflotarlo. Lo habíamos salvado.
Todavía con el susto en el cuerpo, muy cansados, y sin un sólo pescado, levantamos el ancla y enfilamos hacia Contadora, pasando por delante de isla Chapara, de exuberante vegetación. Después tuvimos que desmontar el motor fueraborda y pasarlo todo por agua dulce para que volviera a funcionar.
Editado por jotake en 27-10-2009 a las 14:42.
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