Re: Moricos los mi moricos o Romances floridos
Hoy Jimena esta seria,
el espía cristiano
pa llenarse la mano
opera hasta en la feria
y vestido de moro,
con chilaba de allá,
sabe ya lo del oro
del rijoso Abdullah.
Se lo dice a su jefe
con el pie por delante,
(sabe mucho el tunante)
conteniendo hasta el deje.
Don Pero ha roto el enlace
con el magrebí gangoso
“¡Apenas botín mohoso
tiene el del Abencerraje
por lo que a mí no me place!”
Entre cojines y almohada
se aparranaba la hermana
diciéndole al trovador
-que, por cierto, era muchacha
según algunos gabacha-
con desfallecida voz:
“Cántame una cantinela,
porque don Pero me amuela
por no dejarme casar;
cántame, anda, Juanela
p’aliviar el malestar.”
Dulcemente la chicuela
entonó esta cantinela
-¡lo que alguna ha de pasar
por tener que manducar!
“La princesa está triste,
porque el bello dragón
ni es un rey encantado
ni es doncel infanzón
No la adora su amado
y a la dulce princesa,
el lagarto dorado,
sólo quiere en la mesa
en posible estofado.
La princesa está triste.
¿Por qué tuvo que hablarle
la nodriza embustera
de ranita culpable
que al besarla prospera
en doncel adorable?.
¡Ay la triste princesa!
Se la dieron con queso
por aquello del beso
tal si fuera francesa
La malvada ancianita
se quitaba a la moza
inventando ranita
chapoteando en la poza
por un plis de varita
¡Cuanta niña inocente,
escuchando milongas
deja pasar las congas,
-ahí te las compongas-
por fiar en la gente,
con mirar displicente.
¿Qué enseñanza sacamos?
Que no hay bicho ni humano
que por arte de magias
engrandezca sus gracias.
O mejor, menos fino,
que el que nace lechón
siempre acaba en gorrino.
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Vive y deja vivir,
pero vive como piensas,
o acabarás pensando como vives.
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