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Antiguo 29-10-2009, 17:05
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Tahleb Tahleb esta desconectado
Capitán pirata
 
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Predeterminado Re: Permitidme una confesión.

Como cada mañana, mi hijo estaba trabajando con su ordenador mientras yo preparaba los desayunos. Esta vez tenía el trabajo añadido de conseguir un vuelo a Manchester para Claire. Yo iba y venía en silencio, sin prestarle mucha atención, aunque un poco enternecido por su aspecto de muchacho concentrado y serio al que, este verano, se había añadido el uso de unas gafitas de media luna para la vista cansada. En un momento dado, me llamó la atención su inmovilidad. Tout va bien? Ah, dis donc le lion mon dieu! -dijo imitando el acento de nuestro viejo Vudú y sin apartar la mirada de la pantalla-, ¡creo que me va a entrar el caso de mi vida! Un asunto gordo. ¿Cómo de gordo? MUY gordo. ¡De ésta nos compramos un 25 metros! Se frotó un momento las manos en un gesto de pianista que me hizo dar un respingo y se puso a teclear furiosamente. Luego, cogió su teléfono móvil y salió a cubierta. We’re gonna fuck’em, le oí murmurar.

Las chicas empezaban a despertarse. Dejé el desayuno preparado sobre la mesa y salí para hacer el ritual de mi chapuzón de la mañana y nadar un rato. Desde el agua, el ketch era imponente, precioso. Cada día le daba una vuelta, admirándolo, y cada día me sorprendía su belleza. Lo recorrí de proa a popa por debajo de la quilla sintiéndolo gravitar sobre mí. Recorrí la cadena del ancla hasta el fondo. Visité una vez más, como cada día, todos los ánodos.

Al regresar a bordo, el mundo había cambiado de base. Casi no habían tocado el desayuno y estaban, los cuatro, apiñados frente a la pantalla del ordenador, hablando todos al mismo tiempo, escogiendo horarios, compañías aéreas, aeropuertos y enlaces de ferry. Una a Manchester, otro a Londres y dos a Roma, todos tenían que marcharse para atender a asuntos maravillosos y felices que habían surgido de pronto. Y de pronto también, me había quedado sin tripulación.

El mejor programa parecía ser el de salir inmediatamente hacia Milazzo, cenar y dormir allí y, temprano por la mañana siguiente, tomar un taxi grande que los llevase al aeropuerto de Palermo. Llamé a Eliseo para que, haciendo uso de alguna ‘combinazione’ de las suyas, nos reservara un buen amarre; viré ancla y, con la cubierta desierta, puse proa hacia el Capo Milazzo. Esta vez sin delfines y a motor.

Corre por mis venas suficiente sangre española como para que el concepto de la vergüenza torera no se me escape, así que puse especial cuidado en comprender cuáles eran las alegrías distintas que sentían los chicos para que su ilusión me ayudase a aguantar el tipo y no dar muestras de abatimiento. Fuimos a cenar a un lugar encantador, a los pies del castillo de Milazzo, desde el que se dominaba el puerto. La brisa nos traía de vez en cuando algunos de los sonidos del tráfico de los ferrys y los hidroalas junto con lejanos chirridos metálicos. Era una cena de despedidas y recordé una viejísima canción de mis tiempos de joven “lieutenant de quart”

Ô ! Katy, Katy
Je revois souvent
Ce petit coin discret
Dans ce vieux restaurant.
L'air, près de la mer
Les rumeurs du port
Dispensaient à la nuit
Bien plus de charme encore

Es una canción de nostalgia que habla de un amor que se pierde a causa de una partida prematura y por pensar que se tiene tiempo para vivirlo y que se puede invertir en cortesía y elegancia. Me gustaba el tono poco apasionado de esa nostalgia, tal vez porque no relacionaba el dolor con el recuerdo. ¡Uno nace tan vulnerable! ¡Y cómo escuece el proceso de curtido!
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Atlántida (04-11-2009), Bob (29-10-2009), Estelamarina (30-10-2009), Gota (29-10-2009)