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Antiguo 30-10-2009, 14:30
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IsladeMalta IsladeMalta esta desconectado
Hermana de la costa
 
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Predeterminado Re: Su última voluntad... descansar en el mar

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Originalmente publicado por Tahleb Ver mensaje
La cuestión es que en ese barco murió más gente que en el Titanic y que hace mucho menos tiempo. La ausencia de millonarios y de anglosajones es lo que, probablemente, lo convierte en accidente lamentable en vez de horrible tragedia.
Desgraciadamente la historia naval está llena de trágicos sucesos y naufragios. El recuerdo permanece un tiempo y acaba hundiendose también. Así es.

Los acontecimientos que sobreviven en la memoria colectiva no son "sólo" trágicos sino que poseen otra dimensión que nos impacta especialmente.

El caso del Titanic todo lo tenía para entrar en la leyenda: era la joya de la corona, la obra maestra de la industría inglesa, la ostentación del poderío británico orgulloso de sus fábricas; era también el barco más grande jamás contruído, el primer viaje del barco, el último de su capitán. En una época en que todos los imperios afilaban sus cuchillos a las vísperas de la primera guerra mundial, el Titanic tenía valor de aviso para el mundo entero.
Y el barco, ese barco, ese símbolo, se hundió en su primer viaje.


Pero más que eso aún, que ya es enorme, lo que impactó las consciencias, creo yo, fue la famosa frase de "ni Dios podría hundirlo". Fue la guinda. Para los antiguos Griegos, la desmesura (hybris) era el peor de todos los pecados. No se podía perdonar que un hombre salga del lugar que le había impartido el destino para, en su completa ceguera, compararse a los dioses o, incluso, ¡creerse superior a ellos! Este tipo de pecado era sistematicamente castigado por la "némesis" o destrucción completa.

Acordémonos de Agamemnon: estando con todos los barcos en Aulis, listos para zarpar hacia Troya, el rey decide irse a cazar. Ve un ciervo a lo lejos y lo mata de un sólo flechazo. Tan orgulloso estaba de su hazaña que grita: "Ni Artemis lo hubiera hecho mejor". Lo malo es que Artemis lo oyó, se cabreó muchísimo y mandó vientos contrarios a Aulis para inmovilizar toda la flota. La cólera de la diosa sólo se podría aplacar con el sacrificio de Ifigenia, hija predilecta de Agamemnon.

El Titanic se inscribe totalmente en esta lógica de hybris-némesis, o sea ultraje-venganza. Los dioses no perdonan nunca. Y fue este aviso precisamente -y no el aviso del poder de su imperio que pretendían lanzar los ingleses- él que marcó profundamente a la humanidad y convirtió el buque en leyenda.

Una historia que, tal vez, no le hubiera disgustado del todo a Eurípides.
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Editado por IsladeMalta en 30-10-2009 a las 14:34.
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BarryGon (30-10-2009)