
05-11-2009, 02:46
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Piratilla
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Re: Cuaderno De Bitacora De Un Estafado- Brasil- ( Ii Parte)
En todos sitios cuecen habas, si no mirar la historia del American Star varado en las costas de Fuerteventura, el pillaje es innato al ser humano sea del país que sea:
http://www.histarmar.com.ar/Abandono...can%20star.htm
La riqueza llegada del mar
Tan pronto como se retiró la vigilancia de la Guardia Civil, comenzó el pillaje. Afectó primero a los elementos del barco más fácilmente aprovechables, pero algunos vecinos organizaron pronto una explotación sistemática por medio de dispositivos establecidos en la playa de forma más o menos permanente. Ojos de buey, calderas, motores, bombas de agua, maquinaria, lámparas, adornos y enseres de todo tipo, maderas preciosas y hasta los tornillos y las piezas más insignificantes le fueron arrancados al viejo American Star y destinados a la decoración de viviendas particulares, empleadas industrialmente o vendidas al peso.
Entre otros muchos lugares de la isla que conservan vestigios del American Star, un bar-cafetería de Puerto del Rosario, El Naufragio, fue decorado completamente con objetos salidos de su seno. En Antigua, un particular conserva dos de sus pianos. Un artesano que vive cerca de Triquivijate guarda en su taller una hermosa silla giratoria que perteneció al primer oficial. Cierto apartamento en Playa Blanca está decorado con ojos de buey y otros elementos de la decoración del barco. Algún chatarrero de Lanzarote hizo muy buenos negocios con el bronce extraído del American Star. Artistas como Klaus Berends y Javier Camarasa han aprovechado el gran potencial del naufragio para diversas instalaciones y muestras plásticas. Y se dice que cierto vecino de Puerto del Rosario conserva parte de los murales que hermoseaban los comedores del barco, firmados por afamados artistas de los años 30, como Constantin Alajálov o Pierre Bourdelle.
En el verano de 1996 iba a surgir un camping espontáneo en la playa de Garcey, lo que se viene repitiendo hasta el día de hoy. Aproximadamente una decena de intervenciones del helicóptero del SAR han sido necesarias, y no menos de tres personas han fallecido o desaparecido junto al barco o en su interior, víctimas del desconocimiento de las corrientes. El venerable S.S. America espera también el momento de su reintegración a la Naturaleza, que es sólo cuestión de tiempo. Cada racha de viento y cada golpe de ola lo convocan para la eternidad; Fuerteventura es la última escala de ese viaje.
La explotación organizada
“En seis meses estaba liquidado”, asegura Ibrahim Quintana. “Al principio de todo, con la mar buena, llegó a haber más de cien personas sacando cosas del barco”. Todavía hoy en numerosos domicilios de Pájara, Toto y otros lugares de Fuerteventura se utilizan sus camas, roperos, cómodas, sillas, mesas, calderos y hasta moquetas. El espectáculo fue digno de ver: algunos arrojaban los muebles por la borda para que sus familiares los recogieran en el agua o ya en la playa. “Alguna pelea hubo”. A diferencia de los profesionales, “los domingueros tenían sus trabajos y sólo podían ir los fines de semana; uno de Toto se ahogó”.
Varios vecinos de Antigua y Puerto del Rosario formaron el equipo de trabajo que cosechó mayores éxitos y ganancias entre los muchos que abordaron el American Star en la primavera de 1994. Ibrahim Quintana estaba en el paro, y desde que lo llevaron a ver el barco no pudo pensar en otra cosa. Durante meses, se levantó a las siete de la mañana para irse hasta la playa de Garcey y trabajar en el barco. No regresaba hasta las diez de la noche. En un par de ocasiones estuvo a punto de perder la vida. “Para mí no había ni mujer ni nada; casi me separo”, bromea. Quintana fue el más concienzudo y el más previsor; con los frutos del naufragio decoró el negocio del que hoy vive en Puerto del Rosario. Y todavía conserva otros tesoros.
Habían ideado una ingeniosa máquina que facilitó enormemente el trabajo. El equipo elevó en la playa una torre metálica y tendió un cable desde su ápice hasta la borda del American Star. Una roldana corría a lo largo del cable, accionada gracias a la fuerza motriz de un Toyota 1000 tracción trasera, a una de cuyas yantas se había soldado otra polea. Gracias a este teleférico salieron del transatlántico toneladas de material: “metías primera y el gancho iba hacia el barco; metías marcha atrás y venía hacia la playa. Primero subíamos nosotros; luego retirábamos la silla y empezábamos a desmontar cosas y a bajarlas”, recuerda Tino Armas. En su tarea empleaban las herramientas de los mismos talleres del barco. “Muchas aventuras hubo allí”, exclama Tino con nostalgia.
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"Dentro de 20 años estarás más disgustado por las cosas que no hiciste que por las que sí hiciste. Así que librate de los cabos atados. Navega lejos del puerto seguro. Coge las corrientes de viento con tus velas. Explora. Sueña. Descubre."
Mark Twain (1835-1910)
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