Que no decaiga la cosa: es necesario seguir haciendo presión y tratar de cambiar el rumbo de ese puerto, tan atractivo en muchas cosas.
Yo, desde luego, lo tengo claro: mientras no repongan el barco de Pirata de Canela a su atraque, y resarzan a su armador del daño sufrido hasta ahora, que no cuenten conmigo. No pienso atracar en ese puerto mientras no se arreglen las cosas de Felipe.
Y no sólo eso: encareceré a todos mis conocidos (que no son pocos) que hagan lo mismo. A Marina Isla Canela le tiene que doler la cabeza (y especialmente el bolsillo) con este asunto.
Ánimo, PiratadeCanela.



