Hace muchos años, por motivos de trabajo, utilizaba de vez en cuando coches de super lujo con 0 kilometros recién salidos al mercado, para rodarlos antes de dárselos a la prensa para publicitarlos en prensa o televisión.
El día que iba a un local a tomar algo, por ejemplo, con un BMW 740 o un Ferrari, salían a abrirme la puerta, si llovía me cubrían con un paraguas, me acompañaban hasta la mesa retirándome la silla, me quitaban el abrigo y me hacían reverencias.
Si iba con mi Ford Fiesta no me hacían ni caso y muchas veces ni siquiera había mesa.
Con esto de llevar un coche de 50 millones un día, y al siguiente otro que no vale nada, me di cuenta de cómo en esta sociedad de consumo, aparentar tener mucho dinero (equivalente a ser alguien importante) puede cambiar las circunstancias de tu vida de forma espectacular
Y en el mundo de la náutica siempre ha habido mucha gilipollez, para qué nos vamos a engañar.
Champán francés para todo el mundo!! que se note el poderío
