A parte de los innumerables y gratos recuerdos de hace tiempo, y el incontestable sabor de otras épocas el otro día me subi en esto:
Despues de unos añitos de abstinencia, le quito la pata de cabra, desembrago el motor (embraque hidráulico de mantequilla, como la última que tuve), aprieto el arranque y el motor empieza a ronronear, con ese sonido al ralentí de las motos matriculables muy potentes, que parece una olla cociendo algo.
Todo viene a mano sin complicarse la vida, manetas, semimanillares, estriberas, palancas en los pies,.. porque es todo regulable y su dueño, tiene la misma talla que yo, incluso puedes incrustar desde los codos hasta casi las muñecas en el depósito para darle gas en las rectas.
Acaricio con el pulgar derecho otro pulsador que te da sobre la marcha a elegir entre tres mapas de encendido y gestion de la mecánica. El primer nivel suelta 120 CV para un peso muy contenido de poco más de 210Kg. o así y que ya acojona, el tercero creo que es en torno a 180 CV.
Si das gas en 4ª a 170K/h levanta, si frenas algo de alante lo mismo la rueda trasera. Es lo que se lleva ahora para segregar adrenalina en asfalto...
Como me estoy convirtiendo en una persona equilibrada, creo, y consciente de que mi tacto no es el de antes, se la devolví a mi amigo del alma antes de meterme en algún lío, y jugarme la vida dos o tres veces en veinte minutos, a pesar de que siempre volverá a intentar reciclarme a la mínima ocasión, pues la metió casi en el amarre para que la probase y no me pude resistir.
Si no os lo cuento me da algo...
