Queridos cofrades:
Aunque no gozo de buena memoria, tengo escritas en mi cuaderno de bitácora algunas de nuestras travesías.
A pesar de navegar todos los años, siempre nos pasan cosas que no nos habían sucedido anteriormente, y he pensado ir copiando aquí uno de nuestro veranos, donde todos los días son diferentes, para compartir con vosotros la experiencia.
Mi intención es relatar y poner afotos de una típica travesía balear -que pretendia ser muy relajada y tranquila pero estuvo llena de contratiempos- para disfrutarla juntos, aprender de los errores y que los que quieran comenten situaciones parecidas y sus diferentes formas de solucionarlo.
31 de julio- 1 de agosto: Diecinueve horas navegando.
Después de levantarnos a las 9 de la mañana con la intención de salir a medio día hacia las islas, hemos ido preparando el barco a lo largo del día y hemos tardado muchísimo más de lo previsto
Por fin, a las 9 de la noche, cansados pero con mucha ilusión ponemos rumbo a Sa Calobra con el barco a son de mar, con los pañoles y neveras hasta arriba de comida y bebida, con la intención de no parar en ningún puerto durante todo el mes.
En esta ocasión vamos solos con los perros, lo que nos permite ir en pelota picada y a nuestras anchas







Juan ha pasado la noche en vela a la caña. Las primeras cuatro horas ha habido ventolín, pero después ha amainado de tal manera que hemos tenido ir a motor, sin gota de viento y con la mar como un plato.

Gracias al piloto automático hemos ido muy relajados, dejando la caña para leer, tomar el sol o hacer un pis jijijiji


A las 4,10 de la tarde hemos fondeado sin contratiempos y hemos ido a tierra para dar un buen paseo a los perros, pero a remo, porque al ir a poner el motor estaban los anclajes agarrotados -después de tantos meses sin usarlo- y ha sido totalmente imposible. Les hemos puesto mucho 6 en 1 confiando en que mañana podamos sacarlo de su soporte.
El atardecer ha sido precioso y he hecho unas cuantas fotos.




El pobre Juan estaba agotado y se ha ido a dormir temprano, y yo me he quedado en cubierta escribiendo este cuaderno.
Me siento feliz en este lugar increible, de aguas cristalinas, de las que -como un sueño surrealista- emerge un anfiteatro romano con lagunas.
Ahora hay un silencio absoluto, salvo la música del agua contra los cascos de los barcos que se balancean suavemente, todo envuelto por el resplandor de la luna llena.