Re: ¿¿¿ Pa Que Quedarse ???
La llamada del viento.
Pero, realmente sabes lo que buscas?...
Esta pregunta se la hacen los navegantes cada vez que sorprenden a su instinto empujando las velas sin desmayo para alcanzar la mágica e
inexistente línea del horizonte. Y no hay respuesta. Nunca la hay.
Pero para no tener que aceptar ciertas lógicas de supervivencia, nos lanzamos al vacío -tronante vacío-, nos damos largas y a veces cómicas explicaciones referentes a conocer otros pueblos y culturas. Que sí. Que también es eso. Pero no es la auténtica y última razón. Suele ser a causa de un conjunto de necesidades que algunos llaman la búsqueda de sí mismos y otros encontrar sentido a la vida...
Para mí, es la llamada del viento. El que empuja las velas de mi barco. El que nos devuelve a lo que nunca debimos dejar de ser: seres y vivos. El mismo que, junto a uno de sus mejores socios, el océano, nos recuerda nuestro sitio. Nuestro tamaño y fragilidad. A veces con demasiada frecuencia.
Todavía recuerdo con bastante nitidez -la que se encripta en la piel- la primera verdadera tormenta que viví en el mar, hace bastantes años. Solo. Con mi primer velero. Un clásico inglés de madera que tras unos cuantos años de trabajo, recientemente había terminado de reconstruir.
Al anochecer, había partido de la bahía de Palma, rumbo a la Península. Prácticamente sin viento. Dispuesto a dormitar por el camino. Noche limpia y estrellada. Y poco antes del amanecer, cuando menos lo esperaba, una tramontana traicionera y sin consideración alguna con mi bisoñez, me zarandeó como y cuanto quiso. Con todo el velamen arriba, no controlaba el barco. A medida que reducía el trapo, todavía fue peor. Sin motor para ayudarme, literalmente atado a la bitácora del timón para no ser sacado del barco por las olas que rompían encima de la popa del barco, me quedé dormido por el agotamiento.Aahhh...la inexperiencia...
El sol de mediodía me sacó del sueño. Cuando tomé la posición pude comprobar que la tormenta me había arrastrado mas de ocho millas. A palo seco. Fue mi auténtico bautismo de mar.
Desde entonces hasta hoy, tras haber navegado por otros mares y océanos, no he dejado de sentir dos cosas: el espíritu conmiserativo del mar. En aquella primera ocasión y en otras posteriores, alguna verdaderamente grave.
Y el impulso de navegar un poco mas allá. Todavía un poco mas. Hasta acariciar el lomo al horizonte. Sin razón aparente. Por vivirlo. Por vivirme. Por vivir...
Quizá por eso Platón, el viejo sabio, decía que hay tres clases de hombres: los vivos, los muertos y los que navegan...
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