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Antiguo 19-11-2009, 08:47
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Flavio Govednik Flavio Govednik esta desconectado
Hermano de la costa
 
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Me da vergüenza.. pero ahí va la primera (que no la última)
Verano de 1975, yo era un chaval de 15 años que hacía sus primeras armas en las artes del amor. Convencido como estaba de haber encontrado a la mujer de mi vida y dado que ya habían pasado dos meses de mi relación con la niña,(dos meses que se me antojaban décadas) rogué, supliqué, imploré a mis padres que invitaran a la casa del Embalse a quienes suponía serían mis suegros por siempre jamás.
Los padres de la niña eran un tanto conservadores, bueno... bastante conservadores... es decir, muy conservadores. Así que, advertí a mi familia que por nada del mundo dejaran escapar un improperio, una palabra de tinte soez, y que se abstuvieran de cualquier comentario en relación al sexo ni a temas tabú. Pasado el almuerzo y con la intención de impresionar a "mi nueva familia" lancé la pregunta con la impertérrita seguridad que tienen los avezados hombres del mar. "¿Os gustaría navegar el embalse en esta apacible tarde?" Los padres de la niña asintieron entre sorprendidos y entusiasmados, mientras que los míos me miraron con desconcierto y preocupación. ¿Navegar en qué? se habrán preguntado. Pero yo había acordado con uno de mis mejores amigos “hurtar” la motora de su padre quien no estaría ese fin de semana en el lugar.
Por supuesto que Milagros (así se llamaba la niña) me acompañó a recoger la embarcación. Confieso que no había cumplido con las horas náuticas correspondiente al breve curso que mi amigo me había dictado la noche anterior. La teoría era escasa y la práctica nula.
Encendí el motor y el Susuky de 50 CV ronroneaba como un gatito. Seguidamente… mi memoria repetía una a una las palabras de mi amigo la noche anterior: “primero, palanca negra de avante toda hacia proa, luego, palanca roja del gas a fondo hasta que planee”
En ningún momento mencionó mi amigo, que en la arrancada, la proa no me dejaría ver nada hasta que la embarcación se estabilizara. Fue toda una suerte que los bañistas se hicieran a un lado raudamente ante mi paso decidido.
Tercero!!! “Una vez que planee, le quitas gas hasta que te sientas seguro de poder controlarla… y ya está”
Y así fue… los insultos de los bañista se iban perdiendo mientras me adentraba en el lago. Mi felicidad crecía proporcionalmente a los metros avanzados. De pronto… tomé conciencia que no tendría otra oportunidad de besarla en ese día que no fuera ahí, en el medio del lago. Y paré el motor sin desacelerar, y ahogué con mis labios un discurso ininteligible del orden de: “Que afez felotufdof… sif llegafmof tardef nof fan a maftarf!!!!!” Me costó algún trabajo comprender que tenía razón y volví a darle arranque pero…. Nada. Nada de nada… ni media vuelta de cigüeñal. Nothing!! Muerto, Kaput,RIP!!!! No había que ser ingeniero para colegir que se trataba de un corte de corriente total. Comencé a secar cada uno de los cables que encontré, cada terminal, limpie los bornes de la batería y nada! Nada de nada. Exhausto, me recosté en el piso de la motora y entonces… ocurrió lo impredecible. Ni el mejor orador sería capaz de describir mi estupor al observar cómo de aquella boquita, diseñada para decir mamá y tirar besitos, pudieran salir unos tras otros, los insultos más originales que escuché en mi vida! El más suave de ellos, hubiera sonrojado al mismo Maradonna. Todos hacían referencia al tamaño y peso de mis genitales. Algunos verdaderamente originales como:”Levantate bolas de plomo y sacanos de aquí!!!!!!! ” Otros, los que no estaban dirigidos a mi, adquirían connotaciones metafísicas que iban desde el Olimpo de Zeus, pasaban por una serie de obispos medievales y terminaban en la madre de Teresa de Calcuta.
De vez en cuando, pasaba cerca nuestro alguna embarcación, pero al ver una pareja sola en medio del lago, cambiaban el rumbo y miraban para otra parte. Entonces comenzaba de nuevo: “Gritales algo pedazo de P***do!!!” y yo me bloqueaba más.
La noche se hizo cerrada y la única telefonía móvil que existía en aquellos tiempos era la de James Bond. La niña, victima de la sed, el calor y el miedo se calló por fin y entonces pudimos escuchar el motor de la lancha de rescate de la municipalidad de Embalse con mi amigo a bordo.
Santiago (mi amigo) abordó la lancha de su padre y le dio arranque inmediatamente. Olvidé decirte que este motor no arranca si no está en punto muerto.
Llegamos a la costa donde nos esperaban nuestros padres. El silencio fue total. La madre de la niña esperaba dentro del coche y su padre se dirigió al mío con un lacónico. “Buenas noches señor”
Milagro subió al coche antes que su padre y nunca más los volví a ver.
Ese fue mi bautismo de fuego náutico y mi primera metida de pata. Hubo otras novias y otras metidas de pata, pero la pasión por navegar comenzó ese día y se mantiene intacta hasta hoy.
Espero no haber estado demasiado pesado.
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