Verano de 1975, yo era un chaval de 15 años que hacía sus primeras armas en las artes del amor.
Los padres de la niña eran un tanto conservadores, bueno... bastante conservadores... es decir, muy conservadores.
La teoría era escasa y la práctica nula.. Fue toda una suerte que los bañistas se hicieran a un lado raudamente ante mi paso decidido.

… los insultos de los bañista se iban perdiendo mientras me adentraba en el lago. Mi felicidad crecía proporcionalmente a los metros avanzados. De pronto… tomé conciencia que no tendría otra oportunidad de besarla .. Y paré el motor sin desacelerar, y ahogué con mis labios un discurso ininteligible del orden de: “Que afez felotufdof… sif llegafmof tardef nof fan a maftarf!!!!!” Me costó algún trabajo comprender que tenía razón y volví a darle arranque pero…. Nada.

Nada de nada…

Nothing!! Muerto, los insultos más originales que escuché en mi vida! Todos hacían referencia al tamaño y peso de mis genitales. Algunos verdaderamente originales como:”Levantate bolas de plomo y sacanos de aquí!!!!!!!

” Otros, los que no estaban dirigidos a mi, adquirían connotaciones metafísicas que iban desde el Olimpo de Zeus, pasaban por una serie de obispos medievales y terminaban en la madre de Teresa de Calcuta.
De vez en cuando, pasaba cerca nuestro alguna embarcación, pero al ver una pareja sola en medio del lago, cambiaban el rumbo y miraban para otra parte. Entonces comenzaba de nuevo: “Gritales algo pedazo de P***do!!!”

y yo me bloqueaba más.
Milagros subió al coche antes que su padre y nunca más los volví a ver.