Humberto, no te vas. No. Seguirás aquí con nosotros.
Me quedé con ganas de dialogar algo más contigo cuando estuviste en el Salón.
Has escrito, y resumido, tantos y tantos sentimientos de los que nos gusta navegar. Y de los que "jugamos" a eso de soltar y no soltar amarras. "Cómo se puede vivir...", "Qué hace falta...", "Qué nos liga...". Tu carta. Tu carta es un texto para meditar periódicamente y, "refractar".
Alzo mi copa por desearte lo mejor. Los mejores vientos, la mejor mar, la mejor vida para tí.
