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La llama centenaria
El faro de Matxitxako cumple el próximo martes un siglo de vida siendo luz de guía y abrazo de bienvenida
AITZIBER ATXUTEGI - Lunes, 30 de Noviembre de 2009 - Actualizado a las 10:36h.
(FOTO: JOSÉ MARI MARTÍNEZ)
EMITE un destello blanco cada siete segundos. Es la forma que tiene de presentarse en su particular idioma a los barcos que navegan por la costa vizcaina. “Hola, bienvenido aMatxitxako”, saluda. También lo sabe hacer con pitidos; dos largos, uno corto, uno largo. MA. La llama más septentrional del litoral vizcaino, el vigía luminoso entre Castro y Deba, está de aniversario.
El faro de Matxitxako cumple el próximo martes cien años, un siglo vigilando desde el horizonte a los barcos que pueden navegar en calma frente a la costa y dando un abrazo de bienvenida a los que regresan al fin a puerto.Ha sido testigo de mil y un temporales; mano amiga que ha guiado a puerto a cientos de buques y txalupas; frente a él se desarrolló la cruenta batalla de Matxitxako, ha sido plató de cine para el rodaje de una película y cuentan que a sus pies, con el incomparable marco de los acantilados y el azul de la mar, se siguen jurando amor eterno los enamorados. Es el único de Bizkaia en el que continúan viviendo fareros y su óptica es la más grande del Estado.
Hubo un tiempo en el que resultaban imprescindibles para la navegación. Sin GPS, ayudas radioeléctricas o sistemas radar, los faros eran puntos de referencia esenciales para los navegantes. Hoy, continúan siendo un apoyo en la dura vida en la mar y, sobre todo, un guiño amigo desde tierra. Esa llama, enMatxitxako, se encendió hace ya cien años, el 1 de diciembre de 1909. Antes que él, el faro antiguo llevaba ya más de medio siglo guiando a los buques por la tortuosa costa vasca; su luz empezó a brillar un 21 de agosto de 1852 y llegó a albergar una escuela de torreros. Pero los años avanzaron y el pequeño y regordete prisma fue quedándose, poco a poco, obsoleto. Su luz fija, con destellos cada cuatro minutos, no era la más adecuada porque se necesitaba mucho tiempo para reconocer el faro.Además, el puerto de Bilbao, para el que servía de faro de recalada, ganaba cada vez más peso. En ejecución del plan general de reforma del alumbrado marítimo de las costas de España é islas adyacentes, una de las más urgentes era la del antiguo faro de Cabo Machichaco, se leía en la Revista de Obras Públicas el 9 de diciembre de 1909.
El antiguo faro sigue hoy en día en pie, unos metros abajo del nuevo, y continúa cumpliendo su labor de vigía: los días de niebla, emite una señal acústica para alertar a los barcos de la cercanía de la costa. Kontuz/Atención. Con niebla o en pruebas la sirena emite un potente sonido, advierte un cartel. Quienes lo han escuchado aseguran que el sonido es atronador.
El emplazamiento del antiguo faro, al borde del acantilado, no era el más adecuado para instalar uno más moderno. Se eligió una zona 46 metros más arriba, tierra adentro, en contra del criterio general; no se apostaba por emplazamientos altos para evitar que la luz quedara envuelta por la niebla de los montes. Pero aquí no se corría ese peligro y, además, se recortaron cuatro metros de la altura de la torre, hasta los 122 metros. Situado a mayor altura, el nuevo faro deMatxitxako permitía que su luz guiadora se viera a 30 millas de la costa, irradiando toda la zona entre Castro y la desembocadura del río Deba.
Háganse una idea; situando el faro en Bilbao y si no hubiera montes, su luz se vería desde Gasteiz. El ingeniero de caminos Francisco Pérez Muñoz proyectó la torre, la linterna y el faro; el resto del edificio fue diseñado por otro ingeniero, José C. de Ucelay. Fue un vecino de Balmaseda, José de Los Heres, quien se hizo cargo de las obras, en las que se invirtieron 165.084,25 pesetas, el equivalente de la época de casi medio millón de euros. El alma del faro, el torreón en sí y la linterna, la construyó una fábrica francesa, por otros 76.000 francos.
El edificio –cuya construcción se retrasó tres meses más de lo previsto, hay cosas que nunca cambian– incorporaba muchos detalles que hacían el trabajo, y la vida, de los fareros más fácil. A saber: un pasamanos en las balconadas que permite hacer el reconocimiento de la cúpula con gran seguridad; cuatro metros de diámetro en la torre donde se puede efectuar el servicio con toda comodidad... También los fareros y sus familias contaban con un sinfín de comodidades: retretes independientes, su trozo de azotea para tender la ropa, cocinas económicas, fregaderos de agua corriente... Recuerden que estamos en 1909. La vivienda de los torreros resulta a la vista impresionante; de piedra, dos alturas, amplios ventanales enmarcados en azul.
Y, adosada a ella, la torre que alberga la linterna, auténtica alma y sentido de este ojo del mar, es de piedra, octogonal, coronada con una bella cúpula de cobre, decorada con delicadas filigranas. Llama la atención la cortinas que se vislumbran a través de los cristales, en lo más alto; los días de sol hay que echarlas, porque la temperatura sube y quema la óptica. La luminaria que hoy en día está en servicio es la misma que se instaló aquel 1909; tres grandes lupas, de tres metros de diámetro, son las encargadas de multiplicar la luz que emana de la linterna. Hoy es eléctrica, pero antiguamente funcionaba con vapor de petróleo.
Han pasado más de cien años y muchas cosas han cambiado pero el faro deMatxitxako sigue siendo la luz de guía para todos los barcos que costean el Cantábrico.