El espíritu de la mar salada

ha sobrevolado la flota que, después de comer abarloados al abrigo del cabo, vuelven hacia puerto a por los churros.
Aunque no ha podido ser tocado o manoseado (que uno es un espíritu muy volátil

) ha podido estar unos segundos con la organizadora

de tan multitudinario evento por medio de la última tecnología de Graham Bell, lo suficiente para enviar besos (eso se me da muy bien) y abrazos a toda la flota...
