Re: Tertulia de pesca y una copa ¿cual?
Este relato pese a lo increíble quedará en vuestra mente como una duda razonable, yo cada septiembre lo recuerdo con una emoción indescriptible que pese a la dificultad pasaré a relataros.
8 de septiembre de 1999, llegué al aeropuerto Turnhouse de Edimburgo en el vuelo de las 23,00 h., todavía la temperatura era buena cuando tomé el taxi hacia el hotel Carlton donde siempre me alojo, es antiguo pero se encuentra muy cerca de la Milla de Oro, donde disfruto de los pubs y el ambiente.
9 de septiembre, fui directamente a 21st Century Kilts donde se vende el mejor tartán de Escocia, mi idea era comprar una manta de tartán en los colores verdes de las Highlands que me serviría de abrigo durante la noche del 10 al 11. Más tarde, antes de comer en Dubh Prais el fantástico haggis de esta casa, compré una botella de malta Glenkinchie, el único de las Lowlands excepcional. Con esto y unos emparedados que me prepararon en el Dubh me dirigí a Waverley Railway Station para subir al tren rumbo a Stirling.
10 de septiembre, desde el castillo de Stirling, estudié detenidamente el campo de batalla que enfrentó a Sir William Wallace, entonces todavía no era Sir, contra su encarnizado enemigo Edward I.
Esta noche me senté en el campo a ochocientos metros del puente, ahora de piedra, viendo al SE el castillo, el punto estratégico se encuentra casi rodeado por el río Forth. Cené allí cubierto por mi manta de lana orinada por las ovejas de la que está tejido el tartán, acompañando los emparedados con tragos de malta. Cuando la noche ya empañaba con rocío la manta empezó todo.
La primera percepción fue sentir la hierba estirarse como el pelo de mis brazos, a continuación el olor de sudor y un sonido a muchedumbre que iba creciendo y creciendo, a lo lejos, del otro lado del puente el silencio se convirtió en caballos resoplando, poco a poco el rumor se convierte en gritos, el ruido es casi insoportable, trote de caballos, más gritos, golpes y palabras entrecortadas…la emoción es insoportable, abro los ojos y no veo nada, pero en el suelo noto los golpes y un grito lo deja todo en silencio ¡Alba go brath! después silencio, miro a mi alrededor y frente a mi hay una espada clavada en el suelo, no es una Claymore, espada típica de dos manos, es una espada enorme, un mandoble alemán, más de metro y medio de espada, es la famosa espada de Sir William Wallance que me devuelve el brillo de la luna en su hoja de doble filo. Cuando cierro los ojos y los vuelvo a abrir todo a finalizado, pero ya amanece.
Este relato no es ciencia ficción ni siquiera producto de mi imaginación, el campo de batalla de Stirling existe, está allí y allí se forjó un mito, cada año el día de la batalla parece que se revive y cualquiera puede sentirlo. Queda para vosotros el interpretarlo.
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