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Hermano de la costa
 
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Predeterminado Re: Los grandes marinos del siglo XVIII

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Tras la conquista de Orán, ya en Cádiz, Blas tuvo que salir de nuevo a liberarla del bloqueo que los estados berberiscos, coaligados, mantenían mientras la atacaban por tierra.



Se llevó consigo al navío Princesa y al Real Familia, además de otros cinco de los que no tengo el nombre, y consiguió levantar el bloqueo.


El Princesa luchando contra tres navíos británicos. Cortellini

Lezo decidió que había que aniquilar a la fugitiva capitana de Argel y la siguió hasta la ensenada de Mostagán. A pesar de que la ensenada estaba defendida en la entrada por dos castillos y que cuatro mil hombres bajados de las montañas circundantes se aprestaron a defenderla, Blas entró tras la capitana en medio de los disparos y de las lanchas que pretendían protegerla, le prendió fuego y dejó malparados los castillos.




Los piratas berberiscos se impresionaron tanto que pidieron ayuda a Constantinopla. Lezo se quedó vigilando por aquellos mares para evitar que recibieran ayuda, pero una infección generalizada, 50 días después, por la descomposición de los alimentos, le obligó a volver a Cádiz. En sus navíos iba el joven guardiamarina Jorge Juan, que desembarcó enfermo también.

En 1734, el Rey le nombra Teniente General por sus muchos servicios y al año siguiente le llama a la Corte. Pero nuestro teniente aguanta poco allí, pues según el mismo dijo “tan maltrecho cuerpo no era una buena figura para permanecer entre tanto lujo y que su lugar era la cubierta de un buque de guerra; pidió el consiguiente permiso al Rey y éste se lo concedió (todoababor)”. Así que en 1937 le tenemos de comandante general, con los navíos Fuerte y Conquistador, de una flota de ocho galeones rumbo a Cartagena de Indias.



El conquistador


Ya sabemos que desde casi el mismo momento del descubrimiento de América, pero sobre todo desde principios del siglo XVII, España tuvo que bregar (con el consiguiente desgaste económico y de sangre) con la ambición de los países de su entorno: baiderantes portugueses en la región de Sao Paulo; ataques de la Compañía holandesa de las Indias en Bahía, Recife, Curaçao y Guayana (entonces españolas por la unión de toda la Península en una misma corona); filibusteros y bucaneros en San Cristóbal, Santo Domingo, Martinica, Guadalupe, Haití, de la Compañía de las Islas Americanas, fundada por Richelieu; corsarios y piratas de la Compañía inglesa de las Indias Occidentales; todos mordían y se llevaban bocado.




Cuando Lezo navegaba, no sólo debía defenderse España en el Mediterráneo y el Atlántico de sus depredadores vecinos, sino que en el Caribe Inglaterra que codiciaba más que nunca, las tierras que España poseía, no contenta con el desgaste que le infringía por medio de piratas y corsarios y contrabandistas, buscaba la guerra abierta. La excusa la encontró en el escarmiento que el capitán del guardacostas de la zona, D. Julio León Fandiño, le dio al pirata Jenkins. La guerra, 1739-1748, la conocen los ingleses por la “Guerra de la oreja de Jenkins” porque parece ser que el acusica del inglés (y cómplice, al parecer, de una trama política) se presentó en el Parlamento con la oreja en la mano diciendo que el español le había advertido: “Ve y dile a tu rey que lo mismo le haré si a lo mismo se atreve”. Nosotros la conocemos más por la Guerra de Asiento




Le faltó tiempo a Vernon (pues ya antes de lo de la oreja tenía preparada una gran flota y antes de que llegara la declaración de guerra a Madrid había intentado otros asaltos infructuosos en Guaira) para atacar Puerto Bello, poco defendido, y arrasarlo por completo. La fuerza naval con la que contaba el puerto era de dos guardacostas. No estaba Lezo, si no, no habría tanto cuadro sobre el tema, como no los hay de los fracasos.



Porto Bello, por Samuel Scott.

Al menos, ese mismo año, el almirante Brown se estrelló ante la Habana.

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