Ahí va una historia del año pasado. Estábamos en Mallorca con una Doqueve 42 en Colonia San Jordi. Todos los días salíamos, guiados por un "conoseor" de la zona que vive en Ses Salines, a las maravillosas calas que hay por todas partes. Estuvimos en Cabrera y en otros muchos sitios con el Ploter apagado (El conocedor daba los rumbos. Una tarde al volver de un día magnífico, el armador le dice al grumete: ¡¡ Pepe, llévanos a Puerto!!
Pepe sube al Fly, arranca motores y cantando "Asturias patria querida" y con la melena al viento, pone el barco a 14 nudos y marca un rumbo de vuelta.
La situación del personal era la siguiente:
Armador y "conoseor" en cabina cantando fandangos
El Navegante (servidor de vds.) Tumbado en el sillón del Fly tomando el Sol y con una copa en la mano.
Grumete a los mandos.
A menos de una milla del Puerto, se oye un ruido tremendo y el barco pierde velocidad y se escora a babor. De un salto me pongo a los mandos y paro el motor de estribor. Grumete quiere evaluar los daños y yo digo que no. Que a la distancia que estamos lo que hay que hacer es llegar. Fuimos con el motor de babor y en el atraque nos ayudamos de la hélice de proa, por lo que no hubo problema. Al día siguiente sacamos el barco en Sa Rápita y vimos el destrozo. A parte de un raspón en el casco, nos habíamos cargado la hélice, eje pala del timón y arbotante de estribor. Y tuvimos suerte. Un impacto a esa velocidad puede hundir el barco en muy poco tiempo.
Una vez mas el exceso de confianza de paga muy caro, sobre todo en la mar.
