Con permiso, otra de cocina:
La creatividad culinaria apasiona e involucra, como protagonista a milllones de personas, a la par que gratifica a muchas otras que saborean los productos ya elaborados. El momento de "hacerlo", en sí mismo, está lleno de satisfacciones, pero en el caso de las mermeladas no va tan unido, como en el de un guiso o una tarta, a aquel en que se sirve y se saborea el resultado de nuestro trabajo. Al contrario, se suele posponer el momento del consumo, porque la mermelada es una conserva y su dimensión es la de la espera y la paciencia. Dentro de un tarro herméticamente cerrado su vida se prolonga indefinidamente, hasta que llega la ocación en que, por necesidad o por capricho se abre finalmente la caja fuerte de cristal y se sacrifica su valioso contenido.
Así pues, entra en juego la afición al aprovisionamiento, el placer de reservar algo para el día de mañana, la sensación de ser más ricos, de sentirse más seguros, de estar preparados para hacer frente a cualquier eventualidad.
Los tarros llenos y panzudos, alineados en el aparador, custodian sus dulzuras bien tapadas. Puedes gozar con sólo mirarlos, porque sabes que la compesación a tu esfuerzo está allí, a mano; cuando se destapen, habrá llegado el momento de las alabanzas, de la continuación de un ritual. Porque dentro de cada tarro de mermelada casera se encierran diferentes componentes psicológicos, y cuando decides que, por fin, ha llegado el momento de consumir lo que allí has conservado , se percibe siempre algo de ansiedad, un instante de suspense(........)
Producto de la cultura, por tanto, pero también objeto de hedonismo; aquel que cultiva los placeres de los sentidos debería, de vez en cuando, dedicarse a la elaboración de mermeladas o presenciarlo, ya que durante su cocción el aroma que se desprende es sublime. Si el olfato se embriaga, la vista se fascina: la masa en ebullición de la fruta, densa y oscura, en la cazuela, constituye una visión de misteriosa alquimia.(......)
La fruta es, por su naturaleza, un alimento que favorece el amor. Sus formas redondeadas y sus plásticos volúmenes, las cáscaras lisas como la piel o recubiertas por una finísima pelusa aterciopelada, y sobre todo su pulpa húmeda y jugosa de la que gotean líquidos vitales, hacen de las frutas unos objetos marcadamente simbólicos de la energía reproductora y de la fecundidad de la tierra, impregnados, pues, de sensualidad y erotismo.
A ellos se añade el de la victoria sobre la efímera fragilidad del fruto, que el fuego de la cocción destruye y que encierra la orgullosa idea de la posesión, la ilusión de haber detenido el proceso de descomposición, y por tanto de la muerte, para retener la dulce vida.........
"Mermeladas y Confituras" Enza Candela Bettelli
Me voy por unas tostadas...con mermelada
