Cuando navego a vela

experimento ante todo la magia en el juego con las leyes de la física interactuando en dos fluidos distintos: agua y aire.El arrullo que nos deleita y adormece como niños navegando con ventolinas no tiene nada que ver con la euforia que sentimos al soplar una buena ventolera oyendo la jarcia silvar, y sin embargo disfrutamos de ambas sensaciones. Es por ello y todo lo dicho por los cofrades que me postro

ante Eolo para pedirle que nunca nos abandone. Navegando a vela soy dueño de mi destino!!!