¡Salud y

!Yo también he tenido la suerte de contemplar éste magnífico fenómeno de las altas latitudes, pero no fué desde el mar, y a pesar de esta adversativa ( lo digo por el "pero"), fué uno de los momentos más mágicos y emocionantes de mi vida. De hecho, ver las auroras, fué casi el motivo principal para hacer aquel viaje. Tuvimos suerte y vimos varias a lo largo de las dos únicas noches despejadas que pillamos.
Las emociones que despertaron la primera vez que vimos el cielo cubierto de cortinas verdes ondeando a merced de los vientos cósmicos, derramándose, como cascadas de luz sobre las montañas heladas e incendiando de reflejos móviles la superficie gélida del lago barrido por la ventisca... son difíciles de describir.
Desde luego, la física puede explicar con toda precisión el porqué último de estos fenómenos, pero no es de extrañar que el sobrecogido espectador de tales despliegues de belleza, busque "otras verdades" que abarquen toda la magnitud de su admiración.