Re: Rincón literario
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Una fuerza tan poderosa que podía eliminar todos los obstáculos. De ahí que estuvieran resultando tan fuertes las evidencias de su presencia. La Muerte estaba a punto de ser vencida... ¡Sólo faltaba que ella se materializara!
Es posible que las ideas funcionen como los seres vivos. El conde con su insistencia había moldeado en el aire las formas de su amor, y ese vacío se estaba llenando con una materia cada vez más consistente. Y en aquel preciso instante obtuvo la sensación definitiva, absoluta, de que resultaba imprescindible que ella apareciese en la habitación. Se hallaba tan convencido del prodigio como de su propia existencia, y cada uno de los objetos que le rodeaban se encontraban repletos de la misma convicción. ¡La estaban aguardando! Únicamente faltaba Vera, como un cuerpo tangible, para que el inmenso Sueño de la Vida y de la Muerte abriera un instante su umbral infinito. El sendero de la resurrección ya había sido extendido, a la manera de una alfombra. El primer aviso apareció con el fresco estallido de una risa musical, capaz de iluminar el lecho nupcial... El conde se dio la vuelta. Y delante de él, moldeada por su voluntad y sus recuerdos, reclinada voluptuosamente sobre la almohada de encaje, sujetándose con la mano derecha su abundante cabellera negra, con la boca deliciosamente entreabierta por una sonrisa de paradisíaca felicidad, hermosa hasta enloquecer a quien la veía, surgió ella ... ¡La condesa Vera, la deseada! Parecía adormilada, como si acabara de despertar.
-Roger -llamó con una voz lejana.
El conde se aproximó muy despacio, hasta que no pudo contenerse... ¡Con qué sed de amor recogió con los suyos los labios divinos, en una muestra de pasión inmortal!
Y en aquel instante los dos se dieron cuenta de que eran, de verdad, un único ser.
Así las horas fueron pasando con un vuelo singular, alimentadas por un éxtasis en el que se entremezclaban, por vez primera, el cielo y la tierra.
De repente, el conde Athol se sintió atacado por un arrebato de cordura, de lógica malsana. Por eso se estremeció bajo el dominio de una realidad que nunca había sido suya, y exclamó ridículamente:
- ¡Vaya, si se me había olvidado! ¿Cómo puedo estar aceptando este juego? ¡Lo que tengo ante mis ojos no es real…, porque tú estás muerta!
En aquel preciso momento la beática lámpara del icono se extinguió.
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Vera.- Villiers de L’Isle-Adam
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Vive y deja vivir,
pero vive como piensas,
o acabarás pensando como vives.
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