En otro hilo, alguien ha reclamado que contemos más travesías.
Gota y yo, navegamos juntos desde hace solo seis años. Gota empezó a llevar su propio Diario de Navegación hace solo tres y, yo, por las navegaciones anteriores, no tengo su frescura ni, tampoco, me suelo acordar de anécdotas hilarantes de mis travesías. De las habidas antes de que Mari-Gota entrase en mi vida, me acuerdo, solo, de paisajes, de momentos tensos o de aquellos otros en que tenía que tomar decisiones de gobierno (tantas veces equivocadas) y, esas, en si mismas, no son nada divertidas.
Hay algunas bufas, como aquella vez, camino de las Islas sanguinarias, en que me pegué un susto de muerte: Serían alrededor de las 120000 de un día de fin de Julio sin luna y muy estrellado. Llevaba la caña a brazo porque, el piloto automático, había dicho adios, a rivederla. Soplaba un viento frescachón por la aleta de babor y, en estas, veo -lejos en el horizonte- una luz roja por mi amura de estribor. Lo comento con mi acompañante (no penseis mal, un trotamundos con más millas navegadas que Andrea Doria) de imaginaria "mira, un chalado que viene de Asinara". Aun lo estaba diciendo que, la luz roja aparentaba estar a medial milla, muy por encima del repetido horizonte y pienso (tan reglamentario yo) "un velero de 12m de eslora", pero la luz, viene a por mí, y pienso "ya maniobrará, que lo tengo a sotavento" y la luz se acercaba y se acercaba a rumbo de colisión, tan roja ella. Como no maniobraba y cada vez tenía la luz más encima, maniobré yo. La luz siguió su curso pasándome por encima. Era Marte...
