Marga: creo que te lo he contado (por eso dices que se oyen ruidos, pero no se sabe muy bien la dirección) pero lo contaré aquí para recordar los sustos pasados.
La primera vez que navegué con niebla cerrada fue hace unos 45 años. Era una barca de unos 5 metros. En esas fechas ni se llevaba radio, ni compás ni ná de ná, además no se había inventado el GPS y, normalmente, se navegaba "a pelo", es decir, por conocimiento de la costa.
Como digo, me encontraba con mi hermano en nuestra barca. Habíamos salido a un bajío con mucha pesca (Las Laixiñas) que se encuentra a unas seis millas de la salida de las rias de Ferrol, La Coruña y Betanzos/Ares, en pleno mar abierto. Podéis suponer que, con semejante barquita, solo se podía llegar a esas latitudes en momentos de poquísimo viento, ya que el mar de fondo siempre está presente. Nos encontrábamos en plena faena pesquera cuando mi hermano, que miraba hacia el mar, dice: "salgamos zumbando que se nos echa encima la niebla". Efectivamente nos cazo.
Antes de que nos alcanzase, habíamos tomado la dirección de la punta del Segaño, que se encuentra a la entrada de la ría de Betanzos/Ares y tomamos nota de la dirección de las olas. Navegábamos despacio porque se oían las máquinas de algunos barcos, mezclados con alaridos de sirena, que enfilaban hacia los puertos de Coruña y Ferrol. No conseguíamos saber por donde venían y estábamos seguros de que nuestra pequeña barquita no saldría en sus pantallas de radar. Yo creía notar casi como mis orejas "crecían" de tanto escuchar.
Afortunadamente llegamos a la punta del Segaño y en ese momento hicimos una virada "a ojo" (basándonos en nuestra costumbre) para arrumbar hacia el muelle de Miño, donde fondeábamos. Al cabo de un rato vemos la costa. Se nos hacía raro haber llegado tan pronto...
¡Y tanto!. Dentro de la ría las olas no eran tan claras (mar casi como un plato) y habíamos virado prácticamente 180º, puesto que la costa que veíamos a treinta metros de distancia era la de la isla Marola, que se encuentra en la otra parte de la entrada a la ría.

Afortunadamente rectificamos a tiempo, viramos y ya sin perder de vista a la costa, llegamos a nuestro destino.
Ni que decir tiene que ese mismo día entró una brújula (ya que los compases eran enooooormes) en la barca y nunca salió de allí.
Otras veces si he navegado con niebla, pero ya con radar. Y eso es una maravilla

Hay que tener mucha precaución y, además, yo nunca me fío de si me estarán viendo. Prefiero actuar de forma muy conservadora y prudente y dar mucho resguardo a cualquier eco que se me presente. Además hay que contar con que hay cosas que no se ven en la pantalla y que, aunque sean pequeñas, pueden causarte más de un problema.