A los veleros, a veces, les ocurre como a los animales que pareciendo que tienen alma y de sentirse abandonados, se sueltan de sus ataduras y se largan de paseo. Como si buscaran el suicidio en las playas.
Otro, de ayer tarde.
De Lope de Vega
Pobre barquilla mía,
entre peñascos rota,
sin velas desvelada,
y entre las olas sola:
¿Adónde vas perdida?
¿Adónde, di, te engolfas?
Como las altas naves
te apartas animosa
de la vecina tierra,
y al fiero mar te arrojas.
Advierte que te llevan
a dar entre las rocas
de la soberbia envidia,
naufragio de las honras.
¿Quién te engañó, barquilla?
Sin pleito, sin disgusto,
la muerte nos divorcia:
¡Ay de la pobre barca
que en lágrimas se ahoga!
Quedad sobre la arena,
inútiles escotas;
que no ha menester velas
quien a su bien no torna.
Mas ¡ay, que no me escuchas!
Pero la vida es corta:
viviendo, todo falta;
muriendo, todo sobra.
Saludos.
