Cita:
Originalmente publicado por rom
¿por qué si no somos universalmente sensibles a ciertas piezas de música, a algunas obras de arte, ... a la belleza, a la Paz, a la busqueda del equilibrio personal??.
¿No será ello un reflejo de esa capacidad de llegar a conocer algún día de forma racional esa disposición armónica de las cosas? el sentido último de la adaptación genética al medio y el momento (la evolución en su dimensión espacio temporal...)?... ¿por qué somos capaces de entender las matemáticas? ¿de compartir filosofías? que "pieza" hace o caracteriza que un pensamiento sea "universal"?... para mí... la Armonía.
Y esa es la pista que persigo...

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Me has hecho recordar a Moshe Ben Najman Girondi, alias Benastruch Saporta, que murió allá por el año 1.270 (sí, S.XIII) habiendo escrito lo que sigue:
"Un instante después de la creación, toda la materia del universo estaba concentrada en un lugar muy pequeño, no mayor que un grano de mostaza. En ese momento, la materia era muy delgada, tan intangible que no tenía substancia real. Pero tenía la potencialidad para adquirir substancia y forma y para convertirse en materia tangible. Desde la concentración inicial en ese lugar minúsculo la substancia se expandió, expandiendo el Universo al mismo tiempo. A medida que se expandía se produjo un cambio en la substancia y tomó los aspectos tangibles de la materia tal como la conocemos. A partir de ese acto inicial de creación, de esa delgada y etérea substancia, se formó, se forma y se formará todo lo que ha existido y lo que existirá."
En otro lugar de sus comentarios sobre la Torah afirma que: "antes de que existiera el Universo no existía el tiempo".
Para él la creación de lo tangible era poco importante. Lo realmente pasmoso era la existencia de las almas.
Es evidente que Najmán tenía, como tú dices, "la capacidad de llegar a conocer algún día
de forma racional esa disposición armónica de las cosas"
Tal vez somos espíritus puros que en cierto momento han deseado experimentar los sentidos, los sentimientos, la materia y la angustia de ser efímeros.
La pregunta, para mí, no es tanto en qué consiste la materia sino la misma que intentaba responder Benastruch: ¿quiénes somos en realidad? ¿tal vez Dios?