Re: Así lo vivieron ellas...
Sé que a la cofrade Mar y Luna le doraré la píldora si cuento esta aventura, ella sabe a qué me refiero, así que allá va.
Salí a finales de verano con la cofrade Mar y Luna y su patrón, en su velero, un "Serviola 17". La mañana se iba nublando cada vez más, pero hacía calor. Al llegar al barco les dije que iba al mío a por el chubasquero, pero ellos me dijeron que no creían que lloviera con más deseo que fundamento. Como yo llegué un poco tarde, no insistí y pensé que me daba igual que el agua me mojara desde arriba que desde abajo.
Íbamos conversando animadamente los tres: Mar y Luna a la caña, su patrón al curry y yo de tripusol. Al rato veo un disco de plástico y pregunto que qué es y Mar y Luna me dice que es el plato del enrollador del génova que está roto. Doblada La Punta de Moraira, el cielo se encapotaba rápidamente y sobre Benitaxell había truenos, rayos y relámpagos.
Al poco de dar la vuelta hacia Moraira, de repente refrescó bastante y empezaron a caer gruesas gotas. Nos pusimos unas escasas camisetas y al llegar a La Punta había, cómo no, mar cruzada. Las olas no tendrían más de 1/2 mt., pero zarandeaban al barco como a un porrito y Mar y Luna ordenó:
- "A arriar y a motor". Yo le pregunté:
- "¿Voy al génova?"
- "No que hay que enrollarlo a mano, tú a la mayor". Y dirigiéndose a su patrón: "Y tú apróate".
Me puse a proa del palo, busqué la driza y empecé a arriar: Ésta pasa por una pieza en forma de 1/2 embudo, sin freno ni mordaza, que no sé cómo se llama y sólo con que la driza forme un bucle, hay que agacharse para aplanarla porque no pasa. Inexplicablemente el barco se sacudía como una estera, así que con la lluvia cayéndome sobre la visera y las gafas de sol, recibiendo gualdrapazos de la mayor en la cara y teniendo el guardamancebos a la altura del tobillo, me agarré al palo rodeándolo con una pierna y a la botavara con una mano, alternando estos dos agarres para agacharme a deshacer los bucles y para parar los golpes de los botavarazos con pliegues incuídos.
Como no conocía el barco, no estaba para muchos bemoles, así que
tan enfrascada estaba en agarrarme como una garrapata para no salir despedida, que no se me ocurrió mirar para saber por qué parecíamos un carrusel. Sólo pensaba en la pobre Mar y Luna, en cómo tendría que estar pasándolo enrollando a mano y en proa, con ese púlpito tán pequeño: ¿Se habrá agarrado a él con los dientes? Porque parece que no se ha caído.
De todas formas pensé que si una se caía, al estar ya en La Punta, el mar la llevaría pronto a la playa, sólo habría que tener suerte para no tropezarse con una medusa.
Cuando ya más tranquila por estar casi toda la vela arriada y con visibilidad, miro a la bañera y....¡Hete ahí la explicación de los bandazos! Me vuelvo hacia Mar y Luna y con el dedo de acusar señalando a su patrón le grito: "¡MIRAAA!": ¡El interfecto estaba enrollando el curry concienzudamente con las dos manos! ¿Será posible?
El alarido de Mar y Luna aún lo tengo en el cerebro: ¡PERO APROATEEE!
P'habernos matao. ¡Qué miedo pasé, por Dios y por La Virgen!
Ahora que no me oye nadie, de ti p'a mí bonica, no sé si esto fue casual o intencionado (por eso de que la viudedad es es mejor divorcio) pero el inefable patrón no contaba con dos mujeres culebras-lapa ¿Eh Mar y Luna?
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