No voy a decir nada del escritor que se cuenta entre los que más me han hecho disfrutar con un libro en mis manos. Lo traigo aquí como marino a bordo del crucero Canarias durante la guerra civil, consecuencia de su alistamiento como voluntario en la marina, para poder elegir arma y no verse abocado a un alistamiento forzoso en infantería que le obligara a saltar a la bayoneta sobre otro ser humano, pero mejor que os lo cuente el mismo:
«Lo que a mí verdaderamente me estremece en una guerra —dice— es la idea del cuerpo a cuerpo, de apuntar y disparar contra otro hombre o de saltar sobre él con la bayoneta calada. Y por aquella atracción que los hombres de tierra adentro sentimos por el mar (nosotros, acostumbrados a vivir en un mar de surcos), nos alistamos todos en la Marina. Esto ocurría en el año 1938, y aún tuve, por lo tanto, la oportunidad de vivir un año de aquella terrible guerra civil» («Miguel Delibes. Un castellano de tierra adentro», op. cit., p. 25).
Por él
