Tras ímprobos esfuerzos para mantener la verticalidad de mi barco con sus ocho metros y medio de eslora para batir las claras de huevo, tres días después del intento, puedo decir que no hay ni rastro de caracolillo en las palas de la hélice.
Caracolillo no, pero moscas... ... ... todas las del mundo ( es que no puedo botarlo), llegaban volando, y como se hartaban de comer, se volvían en bicicleta.
He aquí la prueba de lo que digo:
