Estimados cofrades, saludos y
Estimado cofrade anboro, probablemente por ser un medio escrito, y no estar departiendo cara a cara, ante una copa, colijo en tu mensaje un cierto tono de molestia. Te pido disculpas si te he molestado personalmente, no era mi intención. Mi intención era otra totalmente distinta, me explico:
Gozamos del uso y disfrute de una Lengua que, sin sumar los barbarismos, contabiliza más de 72.000 palabras (el inglés, contando las nuevas aportaciones tecnológicas, ronda las 30.000), y cada una de las palabras, en español, cuenta al menos con un significado específico. Teniendo en cuenta, que últimamente se nos ha dado por confundir neutro o epiceno con masculino, sexo con género y otras idioteces idiomáticas por el estilo, hasta el punto de oir hace poco en un parlamento la flor: "señorías y señoríos", habida cuenta, además, de que ciertas definiciones llevan una cierta carga romántica, que personalmente no se de donde ha salido, ya que en el caso que nos ocupa, dificilmente podríamos sacar alguna enseñanza o mensaje de elevada moral, es por lo que he acometido la explicación de mi anterior mensaje.
Estoy completamente de acuerdo contigo en que hoy en día, la línea que separa un pirata de un corsario es extremadamente tenue, pero es la misma que separa a un soldado de un asesino (¿a que esta segunda comparación rechina?, aquí no hay conotaciones románticas), pero en la época que nos ocupa, el trazo divisiorio era mucho más grueso y se veía mucho mejor. Sigo concordando contigo, en que si tú eres el que para el sablazo, o la bala, maldita la gracia que te hace el nombre dado al que puso el arma en movimiento, la consecuencia es que te han dejado listo de papeles.
Sigo en mi línea de tratar de poner en su justo escenario las acciones de la Historia. No es lo mismo ver los pasajes de la misma con nuestra perspectiva actual, que con la perspectiva del momento histórico. Como ejemplo, permíteme uno: He tenido discusiones fuertes (entiendase dificiles) con amigos, a tenor de la frase de los Reyes Católicos "a los gallegos hay que castrarlos". Esa frase, dicha en aquel momento, y por quien la dijo, se refería a los gallegos que contaban algo, esto es, la nobleza y los señoríos. El resto de los gallegos, al igual que castellanos, vascos, aragoneses, etc. no eran más que ganado, sin derechos, con obligaciones y pertenencias de la hacienda de un Señor determinado. Por mucho que duela, entonces era así, interpretarlo desde nuestro punto de vista actual, es un error, desde mi modesta opinión.
Perdón de nuevo por la extensión del mensaje. Continúo siguiendo con atención los mensajes con los que nos regalas, ya que me parecen interesantísimos y aclaratorios de una Cultura marítima de la que este país caínita nos ha querido despojar siempre, como si nunca hubiesemos tenido quien se mojase los pies en el mar, habiendo sido, por el contrario, una potencia naval en todas sus disciplinas.
De nuevo un saludo y unas

a mi cargo.