Hablar mal de los políticos no es política.
Es una seña de identidad propia.
Es un derecho inalienable de todo ciudadano.
Es un placer sin igual.
Si el pie lo da el "supuesto" cofrade Arturo, navegante por más señas, además es un lujo.
(
Todos somos un "supuesto" algo, querido Arturo).
