Sólo tenéis que intentar imaginar la cara de terror que se os tiene que poner

ante la imagen de 200 personas absolutamente desesperadas, saltando de un cascarón y nadando a toda prisa (la que da el pánico) hacia vuestro endeble e indefenso velerito de pongamos...10-12 metros.
Evidentemente que se tiene que ayudar a quien lo necesita, pero también se tiene que pensar sobre cual va a ser la ayuda oportuna en cada uno de los casos.