IV.- Las despedidas.
Llegó el momento. Toca trasladar el barco desde la Marina Badalona al puerto de Aiguadolç para participar en la regata Ophiusa.
Y llegaron las despedidas. Las emociones afloran. Los amigos dicen que es lo más difícil, el saber despedirse y tomar conciencia de marchar. ¡Es que hay tantas y tantas cosas que nos acomodan, que nos acogen y nos dan cariño!.
Los amigos, la familia, los seres queridos. Todos los que quiero llevar comigo. Los que no pueden estar a mi lado, y los que no sé decir que me esperen. Todos me rompen el alma, y pensar en ellos me hace dudar de mi proyecto. Lo quiero todo. ¿Seré capaz de seguir?. Las tremendas dudas de la partida ya están llegando, se están haciendo realidad.
Pero todos están más presente que nunca. Inés, mi nieta, me preguntó que por qué me iba de vacaciones, y no me quedaba con ellas. Y el alma se me emociona, sin saber qué decir. ¿Es racional todo esto?. Y mi hija María del Mar me pregunta si no volveré de vez en cuando. Y el alma se me emociona, sin saber qué pensar. Y Mari Carmen me llama para desearme buenas cosas. Y el alma vuelve a emocionarse, desconcertada. ¿Es racional todo esto?.
Es mejor no pensar. Dejar fluir el momento. Entregarse al avatar del destino. No pensar.
La nueva BArcelona.
Y largo amarras. Es un bonito día. Ventoso. Mucho viento de sur. Me acompaña Toni para navegar estas 25 millas, con 25 nudos de morro, y rachas de 30. ¡Qué día hemos escogido!.
Hoy es día de emociones. De tristezas. Melancolías. Nada más.
Hotel Vela y la ciudad.
Aquí funcionó bien el AIS. ¡Qué justito!.