De tal manera me embrujan tus ojos
que no hallo azul en el cielo o en la mar
que a tu mirada se pueda comparar.
¡Tu derrochas la belleza a manojos!
Caigo a tus pies y me postro de hinojos,
donde se halla el principio del verbo amar.
Y desde ellos te empezaré a acariciar
si tu no me pones muchos cerrojos.
Mi alma sucumbe al embrujo de tu amor
y me vuelvo a sentir adolescente
con mi corazón rebosando candor.
Te abro mi alma y absorbo tu licor
que dentro de mi se hace efervescente
y me produce un efecto embriagador.