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Antiguo 15-04-2010, 20:56
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Hermano de la costa
 
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Predeterminado Re: Los grandes marinos del siglo XVIII

Me he dejado por el camino, imperdonable, varios bravos marinos nacidos antes que nuestro Jorge Juan: D. Juan de Lángara y Arizmendi, 1701; D. Luís de Córdova y Córdova, 1706, D. Juan Antonio de la Colina Rasines, 1706; D. Antonio González de Arce Paredes y Ulloa. 1709. El poderoso resplandor de algunos soles impide ver incluso las rutilantes estrellas. Si dejo alguna estrella más por el camino, y la veo, la pondré cuando la encuentre.

D. Juan de Lángara y Arizmendi, el espía que surgió del caluroso Cádiz, nació en 1701 no sé dónde, no he conseguido saberlo, y después del breve relato de su carrera copiaré, literalmente, lo que más me ha llamado la atención de este marino, padre de otro Juan de Lángara marino, del que buscaré datos.



Nuestro Juan fue uno de los primeros niños/hombres, por el valor que demostraban, en ingresar como Guardiamarina en la Academia de Cádiz el mismo año en que la creó Patiño, 1717. Naturalmente, su vida desde ese momento parece la repetición de lo visto en sus colegas. Embarca en la escuadra de nuestro Gaztañeta y no se pierde la campaña de Sicilia, ni el combate de cabo Passaro.




El corso contra los berberiscos entra también en su curriculum y estuvo en el socorro a Ceuta rodeado de nuestros ya viejos conocidos. Navegó en las escuadras de Baltasar de Guevara y del marqués de Mari y tampoco de faltaron importantes destinos en tierra –ya veremos a qué lo destinó nuestro Zenón- con lo que llegamos, en 1747, a verlo ya como Capitán de navío.

Cuando el general Regio muere, Juan, que ya era Teniente General recibe el nombramiento de Capitán General del Departamento de Cádiz interino y Director General de la Armada en 1780. El puesto lo volverá a ocupar cuando el propietario, D. Luis de Córdova, salga a la mar y lo ocupa hasta su muerte en 1781.

Sabemos que Zenón, el Marqués de la Ensenada estaba convencido que si había una nueva guerra entre Inglaterra y Francia, lo que era más que probable, era necesario que España se defendiese y no fuera la víctima de los intereses de británicos y galos. Así que intentó lograrlo por todos los medios y se dio un plazo de 8 años, a partir de 1752, para conseguir una poderosa marina capaz de disuadir al Reino Unido de más agresiones.


Navío del siglo XVIII

Ni corto ni perezoso nuestro Marqués tejió una red de agentes (militares, científicos, funcionarios del estado, diplomáticos, religiosos, artistas…todo servía a sus fines) que le consiguieran el control de la información. Consciente del retraso técnico, industrial e incluso científico de España, lo que impediría esa poderosa marina que ambicionaba para proteger nuestros intereses tanto en Europa como en ultramar, concibe un ambicioso plan de espionaje militar e industrial seleccionando para el caso a sus agentes entre los jóvenes ilustrados de amplio saber científico que, afortunadamente, estaban empezando a florecer en España a mediados del XVIII

Jorge Juan y Antonio de Ulloa seleccionados por él, ya los hemos visto, habían cumplido con éxito y fama internacional su participación en la expedición del científico francés Monsieur de la Condomine. Otros jóvenes oficiales, patriotas comprometidos y con amplios conocimientos científicos, fueron también seleccionados, como los artilleros Dámaso Latre, Agustín Hurtado, José Menes y Francisco Estachería, entre otros. El elegir militares con conocimientos científicos suponía una gran ventaja, por lo delicado y específico de las misiones (informes, planos precisos referentes a fortificaciones, arsenales, maquinaria, construcción naval, artillería, municiones). Además fue lo suficientemente inteligente para darles plena libertad de acción confiando en su iniciativa personal, lo que precisa un joven inteligente: el éxito estaba servido.


Instrumentos y utensios para la navegación. Marqués de la Victoria.

El plan preveía el envío de auténticas células de información, lideradas por uno o dos de estos jóvenes y prestigiosos militares, con el fin de satisfacer las necesidades de inteligencia, desinformación y reclutamiento de técnicos extranjeros. Los objetivos eran claramente definidos en las llamadas “instrucciones reservadas” que recibía cada jefe de célula antes de comenzar la misión.

Incluso para misiones altamente sensibles, como el espionaje al propio aparato de Asuntos Exteriores durante las negociaciones previas a la firma del Tratado de Límites entre España y Portugal, de 1750, Ensenada envió a Lisboa a un oficial de la Marina, Juan de Lángara y Arizmendi, para que le informase del curso de las negociaciones”. (Del foro Inteligencia, Espionaje y Servicios Secretos”)
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Aldisele (15-04-2010), El Piloto (17-04-2010)