El otro día conocí a Humberto. Me llamó la atención la paz que transmite y su sonrisa permanente que no abandonó ni un segundo, parecía que su boca había sido creada en forma de "U" y no era posible darle otra forma.
Se lo dije, y me contestó con mucha naturalidad que le salía de dentro desde siempre, porque se sentía un hombre feliz y afortunado al tener la mejor vida que se pudiera soñar.
El holandés errante ha conocido muchos rincones del mundo que son auténticos paraisos perdidos; cuando leo sus relatos escritos desde el corazón me meto en un sueño donde la felicidad se puede abrazar.
Humberto va dejando sus huellas y extendiendo lazos de amistad por donde pasa, pero nunca se ha quedado en ninguno para siempre, aunque en ese momento le pareciera el mejor lugar del mundo.
El prefiere seguir descubriendo, seguir sintiendo, porque no se quiere perder nada ni conformarse. Y es que, como dice Rom, el paraiso está dentro de él. Por eso Humberto es un solitario.
Slocum, yo también he disfrutado leyendo tu historia
