Originalmente publicado por slocum
Dicen que la verdadera sabiduría se alcanza cuando para vivir aprendemos a distinguir lo necesario de lo superfluo y mantenemos a partir de ese momento un adecuado intercambio entre nuestro mundo interior y el mundo exterior, pero al común de los mortales no le interesa el status de sabio (es que se sufre poco en él) porque una vez cubiertas las necesidades básicas se dedica a satisfacer con mayor ahínco las otras, los caprichos de los que se rodea, hasta el punto de que ya no sabría vivir sin ellas.
Fin de filososofías. Yo quería decir que me acuerdo cuando era pequeño, bueno no tanto, un poco más que ahora, del día en que comencé a ubicarme en el mundo, tendría unos seis años (medio arriba o medio abajo), aquel día en la escuela (sólo había una para todas las edades desde los seis hasta los catorce o así) los mayores estaban viendo un atlas alrededor de una mesa y nosotros los renacuajos, terminadas las muestras (caligráficas) y con la curiosidad que se tiene a esa edad de saber lo que hacen los mayores fuimos a meter las cabezas entre ellos, sin saberlo, íbamos a descubrir el mundo. Decía uno: “mirad todo esto es España y nosotros estamos aquí” señalando con el dedo un espacio vacío junto a otros nombres, donde señalaba no veíamos nada, joé, nos daba miedo que dijera que estábamos ahí y no verlo. Con los ojos como platos volvimos la mirada al que apuntaba con el dedo, “no pone el nombre por que el nombre del pueblo es muy largo y no cabe” –fue la respuesta que nos dio, por no decir que era tan pequeño que no tenía entidad suficiente para aparecer situado. Buenooooo, bastante había visto yo aquel día, mi abuelo pagó el pato. Cuando llegué de la escuela estaba como siempre haciendo pleita, “abuelo ¿a que si no estamos en el mapa nadie puede saber quienes somos?”, mi abuelo sin mover la cabeza me echó una mirada de reojo y la volvió otra vez al esparto, “y entonces los que si están deben conocerse todos ¿no? y abuelo ¿habrá alguien más que no aparezca en el mapa? y es que todo el mundo ¿cabe en el mapa?” Mi abuela que preparaba la comida me estaba oyendo y como siempre trato de solucionar el tema con su mejor ejemplo, “mira Andrés”, siempre se equivocaba y me llamaba con el nombre de mi padre, “eso del mapa no es importante, aunque no aparezca el nombre si estamos en el mundo, y además hasta en Francia saben que existimos, tu sabes ¿de donde es esa bicicleta roja que tiene el abuelo colgada en la cámara? pues la trajo de Francia cuando estuvo vendimiando así es que por lo menos el que se la vendió si sabe que nuestro pueblo existe por que se la vendió a un hombre que vive aquí”, “pero . . . abuela ¿Francia donde está? no la he visto en el mapa tampoco . . .” “a ver José, tú que has estado dile a Andrés donde está Francia”. “Vamos a ver, Francia tampoco estará en el mapa pero existe porque en el cuadro de la bicicleta pone France y además hay un tren que va hasta allí, y ahora a comer”.
No me daba cuenta que con cada pregunta me alejaba un poco del paraíso a pesar de que mis abuelos con sus respuestas trataban de retenerme en él.
Días después encontré Francia en el mapa pero ya era tarde . . . yo que corría por las polvorientas calles detrás de cualquier cosa que se moviera, ya fuera gato o pelota, que subía a los árboles en busca de nidos, que jugaba sin descanso con mis amigos, donde los días no tenían fin y el tiempo no se medía sólo se marcaba con tres verbos: jugar, comer y dormir . . . entonces sí, entonces yo residía en el paraíso. Pero llegó un día en que me regalaron mi primer reloj de pulsera y él fue el segundo sello que faltaba a mi pasaporte para el mundo, el primero fue Francia, así es que como ya estaba perfectamente ubicado en el espacio y en el tiempo tuve que abandonar el paraíso. Poco tiempo después me marché de allí . . .
El verdadero paraíso es la niñez, donde se es feliz sin saberlo. Todos los intentos posteriores en busca de paraísos perdidos son sucedáneos para volver a ella . . . aunque . . . si uno se fuese desprendiendo de todo hasta llegar al reloj y después se encontrase a gusto en cualquier lugar sin importarle si está en el mapa o no entonces no sé no sé . . .
Suerte para los que lo intenten.
Esto es un rollo más pero quizás le guste leerlo a alguien tanto como a mi me ha gustado escribirlo.
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