Discusión: Rincón literario
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Antiguo 29-04-2010, 16:15
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Hermano de la costa
 
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Predeterminado Re: Rincón literario

Con los bergantines fuimos bien tres leguas dando caza a las canoas; las que se nos escaparon, allegáronse entre las casa de la ciudad, y como era ya después de vísperas, mandé recoger los bergantines, y llegamos con ellos a la calzada, y allí determiné de saltar en tierra con treinta hombres por ganarles unas dos torres de sus ídolos, pequeñas, que estaban cercadas con su cerca baja de cal y canto. Y como saltamos, allí pelearon, con nosotros muy reciamente, por defendérnoslas; y al fin, con harto peligro y trabajo, se las ganamos. Y luego hice sacar en tierra tres tiros de hierro grueso que yo traía. Y porque lo que restaba de la calzada desde allí a la ciudad, que era media legua, estaba todo lleno de los enemigos, y de una parte y otra de la calzada, que era agua, todo lleno de canoas con gente de guerra, hice asestar un tiro de aquellos, y tiró por la calzada adelante hizo mucho daño en los enemigos; y por descuido del artillero, en aquel mismo punto que tiró se nos quemó la pólvora que allí teníamos, aunque era poca. Y luego proveí esa noche un bergantín que fuese a Iztapalapa, donde estaba el alguacil mayor, que sería a dos leguas de allí, y trajese toda la pólvora que había. Y aunque al principio mi intención era, luego que entrase con los bergantines, irme a Cuyoacán y dejar proveído cómo anduviesen a mucho recaudo, haciendo todo el mayor daño que pudiesen; como aquel día salté allí en la calzada y les gané aquellas dos torres, determiné asentar allí el real y que los bergantines se estuviesen allí junto a las torres, y que la mitad de la gente de Cuyoacán y otros cincuenta peones de los del alguacil mayor se viniesen allí otro día. Y proveído esto, aquella noche estuvimos a mucho recaudo, porque estábamos en gran peligro, y toda la gente de la ciudad acudía allí por la calzada a dar sobre nuestro real y cierto nos pusieron en gran temor y rebato, en especial porque era de noche, y nunca ellos a tal tiempo suelen acometer, ni se ha visto que de noche hayan peleado, salvo con mucha sobra de victoria. Y como nosotros estábamos muy apercibidos, comenzamos a pelear con ellos, y desde lo bergantines, porque cada uno traía un tiro pequeño de campo, comenzaron a soltados, y los ballesteros y escopeteros a hacer lo mismo, y de esta manera no osaron llegar más delante, ni llegaron tanto que no hiciesen ningún daño; y así, nos dejaron lo que quedó de la noche, sin acometemos más.

Cartas de Relación.- Hernán Cortés. Instituto Gallach.- Pag. 232.- Edición Conmemorativa V Centenario del Descubimiento de América.
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